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El drama del populismo; por Claudio Hugo Naranjo

El populismo, como concepto para entender la realidad, no se ha extinguido. La vigencia de Cristina Kirchner muestra la magnitud del drama del populismo.
Populismo fue utilizado por primera vez hacia fines del siglo XIX para describir un cierto tipo de movimientos políticos. El término apareció inicialmente en Rusia en 1878 como Narodnichestvo, luego traducido como populismo a otras lenguas europeas, para nombrar una fase del desarrollo del movimiento socialista vernáculo.
El populismo designa una ideología de resentimiento contra un orden social impuesto por alguna clase dirigente, de la que posee el monopolio del poder, la propiedad, el abolengo y la cultura. El populismo está asociado a lo ilegal, corrupto, autoritario, demagógico, vulgar y peligroso; se ha convertido en un término de combate profundamente ideológico.
En las décadas de 1960 y 1970 se retoma el término, en un sentido algo diferente, aunque conectado con el anterior. Lo utilizaron para nombrar a un conjunto de movimientos reformistas del Tercer Mundo, particularmente los latinoamericanos como el peronismo en Argentina, el Varguismo en Brasil y el Cardenismo en México. Si bien, la expansión de nuevos derechos para las clases bajas es lo saludable, ellos habían venido de la mano de estos movimientos, su tipo de liderazgo era el rasgo distintivo: era personal antes que institucional, emotivo antes que racional, unanimista antes que pluralista.
Ya en 1970 el populismo podía aludir a tal o cual movimiento histórico en concreto, a un tipo de régimen político, a un estilo de liderazgo o a una ideología de resentimiento que amenazaba por todas partes a la democracia; en todos los casos el término tenía y tiene una connotación negativa para el futuro de cualquier Nación.
Para complicar incluso más las cosas, el filósofo post-marxista Ernesto Laclau propuso un sentido más al término, completamente diferente a todos los anteriores. Laclau planteó la necesidad de reemplazar la noción de “lucha de clases”, entendida como una oposición binaria fundamental que se generaba por la propia naturaleza de la opresión de clases, por la idea de que en la sociedad existe una pluralidad de antagonismos, tanto económicos como de otros órdenes. “El populismo comienza –escribió– allí donde los elementos popular-democráticos son presentados como una opción antagonista contra la ideología del bloque dominante”. En su filosofía, el populismo era el nombre de la necesaria y esperada “radicalización de la democracia”. Como consecuencia de la propuesta teórica de Laclau, por primera vez algunos referentes e intelectuales de ciertos movimientos políticos (por caso el kirchnerismo en Argentina y Podemos en España) comenzaron a llamarse “populistas” a sí mismos.
Por caso, en los últimos años algunos gobiernos latinoamericanos fueron de corte netamente populistas, por ejemplo: Venezuela, Nicaragua, Argentina, Bolivia, Paraguay, Ecuador y Brasil; con lo cual se han desestabilizados los ordenes democráticos en toda la región.
Laclau ha sido el inspirador intelectual del último régimen que nos gobernó la Argentina durante 12 años; en él se apoyaron los iluminados de Carta Abierta, que tanto daño le produjeron a las nuevas generaciones, que ven que la corrupción en el manejo del Estado, no incide en absoluto en la valoración de su líder político; el populismo asociado con el fanatismo es un caldo de cultivo que nos muestra a cara descubierta y en total desafío, que las normativas de un país asentado en bases solidas de Justicia, aún no existen. De lo contrario, no tendríamos que ver que una ex presidenta con varios procesos en cursos ante los Tribunales Federales, pueda presentarse como candidata a Senadora Nacional por un nuevo partido político, ante el espanto general de un mundo que nos observa, absortos.
Me niego a vivir en un país sin Justicia, no me asustan las próximas elecciones de octubre; estoy completamente convencido que el país que millones de argentinos soñamos, producirá un urnazo provincial y nacional, que hará definitivamente posible que estos Jueces –que no nos merecemos- comiencen a interrogar y llevar a prisión a quienes desde el poder central de un gobierno se enriquecieron ilícitamente.
El populismo, que hizo carne en el peronismo más despreciable de los últimos tiempos, va camino a octubre con distintos sellos, oculto detrás de muchos y tétricos maquillajes; Cambiemos tiene la oportunidad histórica de no sólo terminar en octubre con Cristina y su pelotón fantasma, Mauricio Macri tiene ante sí un momento único de los últimos 40 años, derrotar en una sola elección a todos los personajes que tanto daño la infringieron a los argentinos. Allí están, Sergio Massa, Florencio Randazzo, Felipe Sola, Daniel Scioli, Margarita Stolbizer, Martín Losteau, Abal Medina y muchos más; Macri, Vidal y Carrió tienen la posibilidad de ofrecernos en octubre, la postergada Argentina, que todos nos merecemos.

 

Periodista-Escritor/@naranjo_claudio
Autor de: “Colombia… capital de los infiernos”-“Doble Agente”-“Los Apropiadores”-“Muchos dedos en el gatillo”, entre otros títulos.
1986: Congresal provincial (PJ)
1991: Candidato Diputado Nacional (PJ)
1995: Candidato a Intendente Esteban Echeverría (PJ)

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