LA DELGADA LÍNEA ENTRE LA SEDUCCIÓN Y EL ACOSO; Por Claudio Hugo Naranjo
Acoso sexual
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El acoso existe, sí. Pero también existe la seducción. ¿Cuál es la diferencia entre una actitud seductora y el acoso hacia una persona? En la mayoría de los casos, todo comienza cuando una de las partes se siente incómoda y perseguida. Es esa línea delgada que a veces no sabemos definir.

Una amiga mía, que aún no ha pisado los 40 tiene una visión del tema más parecida a la actriz francesa Catherine Deneuve y expresa sin tapujos que la diferencia entre acoso y seducción, es el espesor de la billetera y me señala tajantemente que “la violación es un crimen. Pero el flirteo insistente o torpe no es un delito, ni la caballerosidad una agresión machista”. Aceptamos que es una línea muy delgada y le conté lo que yo pensaba al respecto.

Para que exista un acto de acoso deben estar presentes tres aspectos fundamentales: la presencia de un acosador o stalker, una víctima que recibe la incomodidad, y una relación entre estas dos personas, donde el primer personaje ejerza de alguna forma control, ansiedad o hasta miedo en la segunda.

El hombre en Latinoamérica se toma ciertas licencias a la hora del cortejo; como lanzar un piropo, práctica cuyo uso ha pasado de generación en generación. Pero no hay que confundir el acoso con la galantería del caballero de antaño. En esa época, por el juego de la atracción, la mujer podía considerar aceptar los cumplidos.

Ahora, si un sujeto pasa gran parte de su tiempo pendiente de lo que hace otra persona. Y no solo eso. Sus actitudes y pensamientos se tornan obsesivos. Cuando esto sucede, ya sea en la vida diaria o en Internet, no nos encontramos ante un entusiasta seductor, sino frente a un compulsivo acosador.

El acoso se entiende por una forma de agresión puesta en acto de parte de un perseguidor que irrumpe de manera repetitiva y destructiva en la vida privada de otro individuo, con consecuencias físicas y psicológicas. En la era digital, el acosador posee algunas ventajas en su afán por incomodar a su víctima. Además del eventual anonimato, el terreno de las redes sociales le da un fácil alcance a su objetivo. Hasta que la otra persona no sea totalmente cortante, el silencio o la complicidad pasiva pueden ser interpretados como una invitación a seguir.

En estos tiempos, algunas actitudes típicas del “gileo” como los mensajes, llamadas y regalos se convierten en situaciones de acoso cuando resultan inoportunas y no gratas para una de las partes.  Una de las grandes diferencias entre un conquistador y un acosador, es que este último es una persona que espera poco y busca respuestas rápidas de la otra parte. A diferencia del seductor, que acomoda la estrategia de acuerdo como vaya fluyendo la situación.

Es por ello, que la prudencia en estos tiempos cotiza en bolsa. El hombre debe saber o detectar a tiempo cuando la otra parte le enciende la luz amarilla, es el exacto límite entre la trabajada seducción o el abismo del acoso; de la primera siempre se vuelve, de la segunda no hay retorno. Si bien el acoso sexual es un delito de acción privada y muy difícil de comprobar, las redes sociales en la actualidad son más efectivas que los Tribunales, ellas ejercen sobre los acosadores una marca indeleble que los sacara fuera del sistema y a su vez darán un alerta en tiempo real a futuras víctimas. Recordemos que  en nuestro país no existe reglamentación alguna que proteja a una víctima de acoso virtual.

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