LA MALDITA COSTUMBRE DE LASTIMAR A LAS MUJERES; Por Claudio Hugo Naranjo
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La sociedad ha vivido mucho en un territorio patriarcal machista. Aunque el feminismo haya ganado peso, está volviendo el modelo machista entre los jóvenes. Esta nueva forma de machismo es muy virulenta, a la antigua usanza y grave. Una persona que se comporta de manera machista en estos momentos tiene que pasar por una sociedad que ya no lo permite.

Dominio, control, celos y relaciones tóxicas son las condiciones con las que viven muchas mujeres en el mundo. El machismo regresa y es más grave y virulento porque en la sociedad ya no se acepta y no está bien visto gracias al avance del feminismo. El machismo no es algo innato, sino que, al igual que las matemáticas o la química, se aprende. Cuando un hombre practica la supremación masculina se debe a que ha tenido un modelo. Este ejemplo que sigue puede ser el padre o incluso podría llegar a verlo en televisión, en internet o en las redes sociales.

Por lo tanto, es común que un hombre domine a una mujer en este tipo de sociedad. El caso de que un hombre actúe sobre una mujer se ha visto como normal durante muchos años. El dominio proviene de cosificar a las personas. Este abuso aparece porque un hombre piensa que una mujer es inferior a él. Esta relación existe porque se junta una personalidad dominante con una personalidad sumisa. En el momento que se encuentran, se ejercen los roles de personalidad. Alguien dominante puede llegar a maltratar psicológicamente a la persona sumisa.

La persona que lo ejerce tiene la creencia de que la otra persona es un objeto de su pertenencia. Como consecuencia, el hombre machista merma las capacidades de la mujer. Cuando una persona está dominada por otra, suele darse cuenta, pero lo que pasa es que hay un momento que lo integra como normal. Ese sería el momento justo de la partida

Todavía hay mujeres que se dejan dominar. La razón es que aún hay personas ancladas a ideologías anteriores al feminismo. Al vivir en un mundo en el que el machismo se aceptaba, todavía quedan secuelas y por eso seguimos viéndolo como algo normal. Ante el dominio, los celos salen a la luz. Afectan más a hombres que a mujeres. Una definición de esta emoción seria: Es el sentimiento que genera el pensar que algo propio te va a ser arrebatado. Los celos son innatos y todas las personas tienen. Pero llega el momento en el que puede convertirse en una enfermedad.

En primer lugar está la celotipia, que es un trastorno delirante. La persona que lo padece cree que su pareja le está siendo infiel. Este síndrome es irrebatible con la razón. Un hombre puede estar sentado en la misma mesa con su pareja y puede tener comprobaciones de que su pareja no está siéndole infiel. Pero de todos modos cree que así es. La celotipia (también conocida como síndrome de Otelo) es una alteración biológica del sistema nervioso.

Los celos normalmente entendidos generan un sufrimiento en la persona. Cuando se ocasiona un gran dolor sentimental, también se considera una enfermedad. En este aspecto, hay alteraciones de comportamiento y dentro de lo fisiológico, como sudoración o taquicardias al pensar en esa sensación.

Los celos se pueden detectar cuando una persona comienza a pedirle a su pareja pruebas constantemente para comprobar que no está con otra persona. Algún ejemplo es enviar una foto o hacer una llamada. Debido a los celos, aumenta el control. Esta autoridad se ve reforzada gracias a las nuevas tecnologías y a las redes sociales. En estos espacios web es más sencillo que un sujeto vigile los movimientos y las acciones de otra persona.

Las relaciones en las que hay dominio, control, exceso de celos y machistas se conocen como tóxicas. En estas relaciones uno sale beneficiado y otro perjudicado, es decir, que el otro le está chupando las capacidades. En estos casos, los integrantes saben cuándo es tóxica, ya que el dominante no le deja expresar lo que siente. La mejor solución a este problema es romper de forma definitiva el vínculo. Quien tiene en sus manos cortar la relación es la persona sumisa.

No obstante, es fácil decirlo pero no hacerlo, pues se crea cierta dependencia. El siglo pasado fue, no me cabe ninguna duda, el siglo en que la mujer más se reveló contra la sociedad machista; no sólo se logró ese objetivo con ovarios grandes y pesados, es necesaria mucha inteligencia y las mujeres tenían en sus alforjas el combo perfecto. El hombre debe comprender definitivamente que es un delito maltratar y/o lastimar a las mujeres, tanto desde lo verbal como en lo físico. Los tratados internacionales debieran ya abocarse a persuadir a la Justicia planetaria a que las penas contra los victimarios sean de prisión efectiva. Existe un problema, aun la Justicia es gobernada en su amplia mayoría… por hombres.

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