RELATOS
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Hace muchos años atrás, un amigo me comentaba en su intimidad -por 1976- que tenía pensado robar el Museo de Arte Moderno (MAM) de Río de Janeiro; robar es una palabra peyorativa para Alfredo -mi viejo amigo- el era más un coleccionista de arte. Decía que todo lo hacía sin armas, ni odio ni violencia, era su frase preferida. Pero volviendo al tema, yo no le creí en aquel entonces, sus argumentos eran valederos, narraba que sus socios lo estaban aguardando en Brasil y que luego de ese golpe formidable se dedicaría a gozar de la vida, siempre acompañado de mujeres bonitas.

Un día, se fue, dejé de verlo. Cuando lo quise localizar ya no pude, se lo había tragado la tierra; encontré a un familiar y nada. Alfredo desapareció. Mi vida, por aquellos tiempos se había iniciado de nuevo, tuve que resetear la máquina para largar con chances la carrera; la vida es eso, una carrera interminable de obstáculos, pasiones, triunfos, fracasos y amores. El secreto de la vida es saber cuando irse. ¿De dónde? De todos lados. Nunca un día más de lo estipulado. El quedarse, es dormirse en el calendario de tu vida. No tenes que estar presente el día de tu velatorio, ese es el secreto, partir, siempre partir un minuto antes.

Pasaron 2 años, era 1978, creo. Las diarios más importantes del mundo contaban en sus portadas que se había incendiado el Museo de Arte Moderno en Río, que se habían perdido gran cantidad de piezas de arte -entre ellas colecciones de Picasso, Salvador Dalí, Joan Miró y piezas valiosas traídas de Medio Oriente-; las crónicas de la época contaban que se habían perdido más de 150 obras de valores incalculables. Bien, en mi interior sonaba insistentemente una alarma que me decía que mi amigo algo tenía que ver con lo sucedido. ¿Pero dónde encajaba Alfredo?

Pasaron aproximadamente 3 meses de aquel siniestro, les recuerdo que no existían las redes sociales, es decir, toda información llegaba a paso lento y de pronto una noticia policial sacude a Brasil y repercute con los días en la Argentina. Cuentan, que los bomberos de Río removiendo los escombros del Museo encuentran entre dos paredes un cuerpo calcinado abrazado a un jarrón chino milenario. Inmediatamente lo asocie a Alfredo.

Hace años que busco incansablemente a sus socios de aquel atraco y comprobé que se han esfumado; cual fue mi razonamiento, ya que yo era el único que en 1976 sabía que iban a robar ese Museo. Que el Museo fue robado con total éxito, que mi amigo por alguna razón en la huida quedó atrapado, que sus cómplices lograron llevarse el botín y que las autoridades del Museo decidieron con mucho tino, no informar del robo y provocar el incendio. Pero el diablo metió la cola y destrozó la inteligente maniobra, pues no contaban con la aparición de un cuerpo calcinado en plena fuga con un jarrón aprisionado a su brazo.

El Museo de Arte Moderno hoy funciona a pleno, pero faltan 149 piezas, que Dios sabe dónde estarán…

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