“EN UN BARRIO DE RICACHONES, SIN ARMAS NI RENCORES, ES SÓLO PLATA Y AMORES”; Por Claudio Hugo Naranjo
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La prensa informó que era una toma de rehenes. Los canales de noticias transmitieron en vivo. Después de varias horas de tensión, la Policía entró en el banco y no encontró a ningún ladrón. Los rehenes estaban sanos y salvos. El 13 de enero de 2006, robaron el banco Río de Acassuso después de burlar a más de 300 policías.

“La Casa de Papel”, la miniserie española, un éxito de audiencia en el mundo, llevada a la pantalla por Netflix, no es ni más ni menos que “El Robo del Siglo”, ejecutado en una sucursal del Banco Río.

“En un barrio de ricachones, sin armas ni rencores, es sólo plata y amores”,  decía una nota escrita por el líder de la banda y que fue encontrada en la bóveda.  Fue un robo único en el mundo porque nunca una banda había combinado una toma de rehenes con un boquete. Está considerado el mejor robo de la historia policial argentina y entre los cuatro mejores robos del mundo.

Fernando Araujo fue el verdadero ideólogo y líder del audaz robo del siglo. Apasionado de los deportes de riesgo, cada tanto hace paracaidismo o vuela en parapente. Podría haber sido ingeniero, empresario, arquitecto, contador, pero un día, allá por septiembre del 2004, después de tomarse dos años sabáticos, mientras cultivaba marihuana en un inodoro y pintaba cuadros, se le cruzó por la cabeza una idea: robar un banco. Y no paró hasta lograrlo.

El plan era verse rodeado. Que la policía desplegara 300 hombres alrededor del edificio y pensara que todo ocurría en la planta baja con los ladrones y los 23 rehenes, pero lo importante pasaba en el subsuelo, donde rompían las cajas de seguridad con un artefacto especialmente diseñado por ellos.

Robaron unos 25 millones de 145 cajas de seguridad sin que la Policía se diera cuenta.

Conocí a medio centenar de asesinos y gángsters: pistoleros románticos, estafadores de poca monta, juerguistas sin alma, rufianes con más balas que futuro. Ladrones en cuyas memorias se ocultaba el latido de una ciudad maldita. Pero nunca había visto a un tipo como Araujo, misterioso y a la vez transparente; transgresor y al mismo tiempo respetuoso de las reglas sociales; tan obsesivo y calculador como espiritual: cuando lo detuvieron en San Juan le encontraron cuatro libros de Osho.

Araujo se convirtió en el mejor ladrón de bancos del país, pero no pertenecía al mundo del hampa. Estaba más cerca del otro lado, el de los honestos. Era la concreción llevada a su máximo extremo del hombre que fantasea con robar un banco pero nunca lo hace. Era como si él estuviese en el medio, parado entre lo bueno y lo malo. Y podía ir a los dos extremos sin hundirse o perpetuarse.

Meterse en ese mundo prohibido y salir cuando quisiera y volver al mundo de lo permitido. Pero no estaba en ninguno de los dos lados. Era como un pasajero sin destino. O como “Ladrón sin destino”, aquella serie de los setenta donde Robert Wagner iba por la vida “robando a los malos y seduciendo a mujeres bonitas”. Había sido el ladrón de bancos perfeccionista y también el sensei respetado por sus discípulos o el artista que pasaba horas absorto pintando en su atelier.

Cuando Rodolfo Palacios, escribió el libro “Sin armas ni rencores. La historia del robo del siglo” –cuenta-, que ocurrió un fenómeno extraño: varios lectores (entre ellos escritores, actores, un deportista olímpico de judo), me pedían que los contactara con Araujo porque habían quedado fascinados con su historia y su manera de actuar.

Por entonces, productores y cineastas lo buscaron para comprar los derechos de su historia. Pero Araujo estaba radicado en Europa. En 2014 estuvo todo preparado para el rodaje, pero algo falló. El tiempo de un escritor deja huellas que los cazadores de fortunas saben seguir. Es el olfato del depredador de historias. Saben que tarde o temprano algo va a pasar y ellos –usurpando la identidad literaria de otros- entraran en la colina, aquella de la fama.

Pero todo comenzó en julio de 1976, cuando tuvo lugar el atraco más importante de la Historia que tuvo como protagonista a Albert Spaggiari, al que se le ocurrió la brillante idea de robar uno de los bancos más grandes de Francia, la sucursal de Societe Generalé en Niza, utilizando el sistema de alcantarillado de la ciudad para acceder a la cámara del Banco.

Spaggiari llevó su idea a la Mafia local con la intención de buscar ayuda, pero se opusieron a su descabellado plan y se propuso crear una organización delictiva propia. Reclutó a 20 personas, cada una de ella especialista en su campo incluyendo a un experto en joyería -para saber lo que merecía la pena llevarse cuando entrasen en la cámara- y un experto en la construcción de túneles.

Después de un año haciendo planes, se metió junto a su banda bajo tierra literalmente. Durante 3 meses construyeron un túnel en las alcantarillas de Niza que llegaba hasta la pared subterránea del Banco, arrastrando un equipo que pesaba más de una tonelada. Avanzaban dos metros al día, y cuando finalmente llegaron, un viernes, todavía les quedaba por atravesar una gruesa pared de cemento para entrar en la Cámara acorazada. Abrieron el agujero a mano y no accedieron al interior hasta la tarde del día siguiente.

Cualquier otro delincuente al ver que ya estaba dentro, la hubiera desvalijado cuanto antes, pero Spaggiari no era un ladrón cualquiera. Había llevado comida para sus hombres y, allí mismo, tomaron un refrigerio a base de vino y patés. Finalmente, los ladrones dejaron atrás las sobras de su “picnic” y la mayor parte de las cajas de seguridad del Banco, pero lo que se llevaron y como se lo llevaron también hizo historia.

Tras soldar desde el interior la puerta de la Cámara acorazada para asegurarse de que nadie les molestara, se tomaron todo el tiempo necesario para robar el banco. Había miles de cajas entre las que elegir, y les dio tiempo para revisar algunos cientos; lo que consideraban que merecía la pena lo metían en bolsas de plástico selladas que colocaban en unas balsas.

Transportaron su botín en estas balsas, que flotaban en el agua del alcantarillado y las llevaron hasta donde les esperaban otros miembros del grupo que ocultaron el material. Se pasaron todo el fin de semana en el interior de la Cámara acorazada y no se fueron hasta que el banco estaba a punto de abrir sus puertas. Los primeros en llegar el lunes por la mañana fueron los empleados del banco, los segundos fueron los policías, que hicieron un agujero en la cámara sellada y descubrieron el “revoltijo” que los ladrones habían dejado. El botín de 60 millones de francos que se llevaron lo convirtió en el mayor atraco a un Banco de toda la historia. Spaggiari era un hombre muy inteligente y planeó el robo de una forma tan precisa que no dejó ni una sola pista a la policía. Dejó una nota que decía: “Sin armas, sin odio y sin violencia…”.

Ahora sólo falta contar quién fue “El Dioni”. Dionisio Rodríguez Martín, alias “El Dioni”, en toda una exhibición de gloria y poderío, ha querido convencer en estos 25 años al mundo de que es la reencarnación de Albert Spaggian, el cerebro del robo de Niza, que se llevó el dinero de un furgón blindado “sin odio, sin violencia y sin armas”. Hubo quien se atrevió, incluso, a escribir una canción en la que ensalzaba sus pericias y encantos. Durante estos años, más de uno se ha hecho la pregunta del millón.

Se cumple el quinto lustro del latrocinio más famoso de los últimos tiempos y nadie sabe dónde están esos 140 millones de pesetas que “El Dioni”, cuando era vigilante de seguridad, robó de un furgón blindado de la empresa Candi. El botín fue exactamente de 298 millones de pesetas. Hoy, cuando alguien se acerca a este personaje y le cuestiona si lo volvería hacer, sin tapujos contesta que: “claro que sí, una y otra vez”. Arrepentimiento cero. El famoso ladrón que desplumó a su empresa hace 25 años explica en los bolos de discoteca que hace en la actualidad que “es lamentable que los que nos tienen que dar ejemplo de honradez sean los que nos animen a robar”.

“La Casa de Papel” es un éxito de la ficción… calcada de hechos reales.

Este material no es “apología del delito”, este material es para “el Club de Catadores de Boludos”, ante la primera sospecha de intrusos en la red hacer la denuncia correspondiente en la sede de CCB, en donde un plantel de profesionales los hará desistir de cualquier intento.

Sean felices… “ES SÓLO PLATA Y AMORES”.

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