«EL MALDITO ASESINO»; Por Claudio Hugo Naranjo
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Ese fatídico viernes, la pequeña Débora deseaba ver y acompañar a su tía Amalia -de quien era la regalona- quien durante años había trabajado como dependiente en el almacén. Sin embargo, no regresaron a la hora acostumbrada. La desesperación se apoderó entonces de sus familiares y amigos, quienes las buscaron intensamente sin sospechar que la terrible respuesta estaba en el negocio.

El 21 de agosto de 1995, será un día que recordará la mayoría de los madrileños. Ese día quedaba al descubierto uno de los crímenes más horrendos que registre la historia policial de la ciudad, Amalia Rodríguez (38 años) y Débora Abreu (6 años) fueron destrozadas con un martillo y abandonadas en el piso del bazar “República”.

Sus cuerpos, daban cuenta de una violencia sin precedentes y absolutamente criminal, en la cabeza de Amalia habían más de 40 impactos con un objeto contundente, lesiones que se multiplicaron macabramente en la pequeña Débora, quien sólo por estar en el lugar equivocado y a la hora equivocada fue criminalmente ultimada de múltiples impactos.

En su momento se tuvo creíbles antecedentes que indicaban que un individuo, avecindado en un campamento cercano a la población habría tenido alguna vinculación con los asesinatos, por lo que se solicitó su detención. Sin embargo, después de ella se recabaron antecedentes -confusos en principio- que requirieron ser aclarados. Se comprobó –así comunicó la Fiscal- que Rosendo Loyano nunca pudo haber estado en el lugar del hecho porque a esa misma hora de ese día estaba detenido en una seccional en las afueras de Madrid.

La Fiscal a cargo del caso, Patricia Martínez, indicó que estaba a la espera del resultado de diversas pericias realizadas en el sitio del suceso, no obstante, a pesar del tiempo transcurrido éstas no han sido dadas a conocer, porque existe gran hermetismo respecto a las diligencias. De hecho, la Fiscal mandó a decir que toda la información de este caso, es canalizada a través de la Fiscalía Regional.

La joven vendedora trabajaba en el bazar “República” hace siete años, y era ampliamente querida en el sector, ya que era considerada como una muchacha tranquila, que siempre se mantuvo muy responsable en sus actividades, a fin de ir en ayuda de su familia en el sustento del hogar.

A la escena del crimen el primero en llegar fue el hermano de Amalia, viendo que nadie abría, para ingresar a éste, debió hacerlo por un local contiguo, descubriendo horrorizado que en el sitio permanecían en medio de un gran charco de sangre tras un mostrador, los restos de su hermana y más atrás la pequeña Débora, quien al parecer trató de esconderse, pero el maldito asesino, la encontró, ultimando cruelmente, dejándola atravesada en medio de un pasillo.

Según se pudo establecer, el dinero de la recaudación estaba intacto, ningún indicio de robo, el crimen se encuadra en lo pasional. Respecto a las brutales agresiones, se indicó que en el negocio fue hallado un martillo, con el cual fueron mortalmente heridas, con ensañamiento, Débora y Amalia. Si bien las lesiones evidencian que hubo una sola “mano asesina”, no se descarta la participación de más personas en el hecho. El análisis de los cuerpos indicó que el deceso de tía y sobrina ocurrió alrededor de las 21.30 horas, momento en que una persona dijo haber escuchado llantos en el lugar.

El o los implicados en el crimen habrían ingresado, presuntamente, sin fuerza por una puerta del portón metálico del local, cuando la infortunada joven se disponía a cerrar el negocio cuyo dueño se encontraba de viaje en Santiago de Compostela. Un equipo encabezado por la Brigada de Homicidios de la Policía de Investigaciones, con apoyo de todas las unidades especializadas de la capital madrileña, trabaja aún en la búsqueda de los responsables de este hecho brutal que mantiene preocupado a la comunidad de la Segunda Región.

Sin duda lo más dramático de este macabro hecho, es que el asesino, aquel que tomó el martillo en sus manos para matar a una joven inocente y a una pequeña niña, está allá afuera. Espera quizá en una esquina, totalmente impune, a que una nueva víctima termine como terminó Amalia y Débora.

Veinte años después, dos jóvenes amigas aparecen asesinadas en las afueras de Madrid, el asesino usó un martillo para terminar con sus vidas; la historia parecía repetirse, pero el crimen no es perfecto. Los investigadores encuentran en las inmediaciones de las víctimas –que pelearon por sus vidas- una cadenita de oro de donde colgaba una cruz. En el reverso se lee… “Te Amo. Amalia-1995”.

El Maldito Asesino confeso ante los investigadores, después que fue detenido en la Catedral de Almudena; el Obispo Ramiro De La Serna fue amante de Amalia Rodríguez, quién siendo cura párroco en 1995 había enamorado a la joven vendedora. Cuenta la historia, que Amalia decidió culminar con la relación por motivos de índoles morales; el Obispo nunca aceptó el NO y cometió los crímenes.

Las últimas dos víctimas corrieron la misma suerte, ya que el representante de la Iglesia mantenía relaciones sexuales con una de las menores. La Justicia española pidió reabrir la causa y rotuló el caso como ‘femicidio’… el primero en la Madre Patria.

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