«POLÉMICA ARBITRAL: LA IMPOSTURA DEL QUE NO LLORA, NO MAMA»; por Tomas Mangonnet
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Desde hace ya varios años que en el fútbol argentino se instaló que para ganar, hay que victimizarse. Se escucha: “a mi equipo no le cobran un penal hace un año”, “todos los partidos me expulsan a un jugador”, “que se equivoquen a favor de nosotros”, y más barbaridades que hace todo muy insoportable, elevan la histeria en su máximo esplendor y complican cada vez más el desarrollo del juego de manera justa y limpia. Ya no importa vencer por méritos futbolísticos o por situaciones de juego, y todo esto desemboca en el tan odioso y detestable: “ganar es lo único que importa”.

Además, es triste saber que cada día importa menos cómo se juega y qué méritos hiciste para conseguir tu objetivo, porque pareciera que están más concentrados en cómo sacar ventaja de otra manera, en vez de hacer lo que hay que hacer.
¿Hubo instituciones que las perjudicaron realmente y hasta pudo haber desembocado en un descenso? Sí, pero en este último tiempo en la cresta de la ola sólo se visualizaron quejas sin sentido y hasta presiones mediáticas de los protagonistas antes de los partidos.

Hay clubes que tienen la autoridad de decidir quién los puede dirigir y quienes no, pero suena absurdo que el presidente de un club sea quien maneje a los árbitros. A medida que pasa el tiempo parece que se quiere, o se prefiere, ganar desde lo mediático que intentar -cada uno con sus armas- obtener una victoria. Ante cada jugada, cualquier cosa que pase, vos ves jugadores, cuerpos técnicos e hinchas enfurecidos reclamando en la mayoría de los casos vaya a saber qué. Se acuarteló esa mezquindad de querer sacar ventaja en el más mínimo detalle, en reclamar casi siempre algo que no existe o que directamente no pasó, y que lastimosamente la gran mayoría de los amantes del fútbol caímos un poco en esto. Es increíble saber que entrenadores pidieron cambiar de banco de suplentes por el solo hecho de querer tener cerca al juez de línea y sacar ventaja reclamando ante cada jugada en ataque o en defensa.

¿Los árbitros? Si, son malos y fin de semana tras fin de semana sus actuaciones son peores y hasta algunas son papelonescas, pero ante el reclamo absurdo es difícil ayudarlos a mejorar, y además es una discusión que voy a dejar para otro momento. Por otro lado, y dejando en claro que los jueces no están a la altura de un fútbol tan competitivo como el argentino, es insoportable que los jugadores recurran a la simulación en cada oportunidad que se les presenta, y después son los mismos y los primeros que ante el fallo arbitral reclaman enfurecidamente.

El penal que se produjo en la agonía del encuentro en el clásico entre Independiente y Boca generó lo mismo que ocurrió la semana pasada entre Real Madrid y Juventus, muchos aseguran que fue penal enfáticamente sin argumentos y lo mismo pasa con los que piensan todo lo contrario; cómo cuesta despojarse de la condición de hincha o favoritismo para opinar. Lo cierto es que son dos jugadas polémicas en las que obviamente tengo una inclinación opinóloga de lo que para mí fue y puedo explicar claramente por qué, pero a diferencia de todos, el juez tiene un segundo para tomar una decisión corriendo el riesgo de que ante cada error, la crítica va a ser durísima.

Hoy los medios de comunicación tomaron un rol protagónico en todo sentido, en la vida, en la política, en la sociedad, en la salud y obviamente en el fútbol. Quieran o no creerlo, les guste o no, hoy pueden lograr que un entrenador pierda su trabajo o que un futbolista, cuando se abre el mercado de pases, se tenga que buscar club. Nadie dice que no se pueda opinar, todos estamos a favor de la libertad de expresión, pero cuando la crítica es con mala intención y pasa el límite de lo futbolístico deja de ser solo una opinión, y esto no quiere decir que no exista gente corrupta en todas las profesiones.

Lamentablemente en el fútbol, “el que no llora no mama y el que no afana es un gil” y una vez que termina el espectáculo, por esto de que ganar es lo único que importa, a nadie le importa “si naciste honrado” porque “es lo mismo el que labura noche y día como un buey, que el que vive de los otros, que el que mata, que el que cura, o el que está fuera de la ley”. No ponderar el proceso de trabajo, el disfrute del juego, tiene que ser un lujo que no nos podemos dar.

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