JOSÉ VIGOA NO DEJÓ UN CASINO SIN ROBAR EN LAS VEGAS; por Claudio Hugo Naranjo
  • Categoría de la entrada:RELATOS

Desde Bélgica hasta Buenos Aires y desde Sin City hasta el sur de California, los atracadores consiguen acceder a las cámaras acorazadas del Centro de Diamantes Mundial de Amberes, para observar cómo Leonardo Notarbartolo y la infame Escuela de Turín se hacen con aproximadamente 600 millones de dólares en joyas preciosas.

Este grupo podría unirse al equipo de Amil Dinsio, encargado de orquestar el atraco al banco United de California, considerado por muchos uno de los robos más elaborados de todos los tiempos. Incluso podrían desplazarse por las alcantarillas de Buenos Aires para acceder y llevar a cabo un atraco en el Banco Río, una de las acciones más lucrativas que se recuerdan.

En el desierto de Nevada, los delincuentes se entrenan con el ex-revolucionario cubano José Vigoa, preparándose para lo que posteriormente se convertirá en la cadena de robos de casinos más exitosa de la historia.

Summit Entertainment, la productora de «La saga Crepúsculo» se ha hecho con los derechos del «best seller» de John Huddy «Storming Las Vegas», que narra la historia del «marielito» cubano José Vigoa, formado militarmente en la Unión Soviética, quien en menos de dos años vació las cajas de cinco de los casinos-hoteles más importantes de Las Vegas, hasta que fue detenido por la policía.

El libro, publicado por Random House hace tres años, sigue la vida de Vigoa, un hombre de acción, desde que siendo adolescente fue enviado a la entonces Unión Soviética para formarse como comando de élite. Al igual que decenas de miles de cubanos, entre los que hubo delincuentes de las cárceles y enfermos psiquiátricos, este habanero formó parte del éxodo masivo desde el puerto del Mariel a Florida, en 1980. Pero, en lugar de quedarse como la mayoría en Miami, José Vigoa se fue a Las Vegas. 

Allí se integró en los bajos fondos y el tráfico de drogas, hasta que fue detenido y encarcelado, sin que llegara a cumplir íntegramente una condena de casi 20 años de cárcel. A su salida de prisión, tras emplearse en una empresa de camiones blindados y seguridad, decidió poner todos sus conocimientos militares al servicio de delitos más ambiciosos.

Formó su propia banda, disciplinada, bien armada y con chalecos antibalas, y entre 1999 y 2000 llevó a cabo numerosos robos, entre ellos a los cinco más famosos hoteles-casinos de la meca del juego. En el quinto cometió un error de cálculo: en lugar de ir enmascarado como de costumbre, sólo llevó una gorra de béisbol y gafas de sol. Las cámaras de seguridad del Bellagio registraron concluyentes planos del cerebro criminal al que la policía de Las Vegas bautizó como “Tony Montana”, en honor al personaje de la película de Brian de Palma “Caracortada”, que como él era otro “marielito”. 

Una vez identificado, cazarlo ya sólo fue cuestión de tiempo, y como sus previas correrías, la detención resultó “de película”, con una persecución en automóvil a toda velocidad digna del mejor cine de acción. Tras el juicio, Vigoa fue condenado a 500 años de cárcel (en uno de los robos mataron a dos guardias de seguridad), pero toda su peripecia delictiva se trató en todo momento con gran discreción, dado el carácter “sensible” de sus robos, en una ciudad que vive del turismo, el “glamour” y del juego.

José Vigoa sueña todas las noches en su huída… pero es muy probable que pase sus últimos días de vida, tras las rejas.

Deja una respuesta