LAS BALAS COMENZARON A ENTRAR DESDE QUE MONZÓ ANUNCIÓ SU RETIRADA; por Claudio Hugo Naranjo
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El efecto Emilio Monzó fue la gota que terminó de horadar la piedra. La crisis económica no comenzó el 28 de diciembre pasado, pues la realidad es que estamos atravesados por una crisis netamente política. El anuncio del Presidente de la Cámara de Diputados en dejar el año que viene el cargo, fue transmitido directamente a Marcos Peña, quien acompañó al jefe de los diputados hasta el despacho de Mauricio Macri. El primer error político fue aceptar la renuncia sin pedirle que reconsidere su posición –Monzó allí comprendió que había tomado una buena decisión-; el segundo error fue anunciar inmediatamente tal decisión. Se podría haber aguardado hasta las elecciones del año que viene y luego, en común acuerdo, hacer el anuncio. Donde la oposición no hubiera sabido que estaban acordando leyes con un ‘pato rengo’, cosa que hoy sí.

Solo salió a defenderlo nuevamente Elisa Carrió, quien se metió de lleno en la interna oficialista al aclarar que “si no fuera por él, Cambiemos no se hubiera construido ni en la provincia de Buenos Aires, ni en la Nación”. Y aseguró, que “la historia lo va a reivindicar, aunque ahora lo apaleen, porque sin ese hombre no hubiera habido Cambiemos”. En efecto, fue en el departamento de Monzó donde terminaron acordando Lilita y Macri.

Los problemas económicos de una Nación y especialmente en la Argentina, se desarrollan violentamente y sin previó anuncio no sólo por mala praxis de los que conducen la economía, sino por graves errores políticos que hacen que los sistemas económicos y principalmente los más frágiles, comiencen a mover peligrosamente los mercados. Si bien factores externos ayudaron, no ocurrió lo mismo en ningún país de la región. Lo que significa que un error táctico y estratégico en lo político te puede mover el amperímetro de la débil conducción económica que viene atada con alambres.

Los economistas ortodoxos y heterodoxos opinan que el gobierno necesita de un Ministro de Economía fuerte que maneje todas las variables y áreas que comprendan la economía de la Nación; pareciera que el gobierno no comprende que manejada la economía por siete ministerios –al cual cada ministro lleva agua para su molino- el único fusible a la vista ya no es Marcos Peña sino el mismísimo Presidente Mauricio Macri. Se necesita urgentemente un Roberto Lavagna que asuma y prevea y comunique un plan económico a seguir. El Presidente está para monitorear todas las intrincadas áreas del gobierno, pero especialmente para liderar el rumbo político que se le da a su proyecto de Nación. Macri necesita convertirse en conductor y líder de su propia historia, que es a lo que estamos acostumbrados los argentinos -en un país hiperpresidencialista- o la historia -que siempre ha sido cruel- se lo lleva puesto en las elecciones del año próximo.

A Emilio Monzó, como dijo Carrió, la historia lo va a ubicar en el lugar que se ganó. ¿No sería prudente retrotraer aquella reunión entre Macri, Peña y Monzó y hacer revertir aquella apurada decisión de todos, el que la planteó y los que se la aceptaron cómodamente? ¿No sería más lógico, si existen dos dedos de frente –no pido mucho- que eyecten al ministro de Hacienda, Dujovne, inmediatamente, por incapaz en su función y falta de ética en su proceder antes de ser nombrado ministro?

Cambiemos puso la vara muy alta en materia de corrupción, ¿no habrá llegado la hora de limpiar la cocina del Poder? Existen hombres éticamente sospechados y existe una sociedad que observa atentamente que los mismos que los flagelan con las tarifas o conducen los destinos económicos están, como mínimo sospechados, de ‘conflictos de intereses’. Que el kirchnerismo haya sido el gobierno más corrupto de la historia –ya todos los argentinos lo saben- no acredita a nadie a ser más o menos sospechado y cumplir funciones dentro del gobierno.

Si la alegría en el oficialismo es que nadie de la oposición aún capitalizo los 10 puntos que se evaporaron en la imagen presidencial, es como mínimo una brutal ingenuidad, el Peronismo ya consiguió rearmarse en torno al tarifazo en las dos Cámaras y no está muy lejos de lograr compactarse en torno de un gobernador en ascenso que puede traerle a Cambiemos serios problemas en una hipotética segunda vuelta. El oficialismo a 15 meses de las presidenciales no está para regalar nada, quedan los últimos minutos del partido y con suerte el alargue, es poco tiempo el que queda para seguir jugando con fuego. La prueba-error, ya pasó. La gente está muy enojada, hasta ahora con todos. Sería prudente no alegrarse de la desgracia ajena, en casa todavía no terminaron de acomodar los muebles. Eso lo vemos todos.

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