UN GOBIERNO ENFERMO SE PREPARA PARA ENFRENTAR AL PERONISMO; por Claudio Hugo Naranjo
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Las enfermedades mentales, aquellas que se convierten en patologías, no sólo afectan a los individuos carcomiéndoles la vida, también es un mal que se observa nítidamente en los gobiernos. Los presidentes latinoamericanos, con su tendencia al absolutismo, a eternizarse en el “Poder”, terminan enfermándose. El Poder enferma y ellos no pueden más que enfermarse de Poder. 

Perón, Menem, Duhalde, Néstor, Cristina, Lula, Dilma, Lugo, Chávez,  y Macri, ellos afirman la teoría; algo así como el nuevo eje del mal que se empeña en dañar los cimientos de las naciones y con ello a su propia gente. El populismo demagógico ha hecho estragos en toda Latinoamérica. Cuando la fiesta comienza todos se suben a la mesa a bailar con la chica del bar, pero cuando las luces se comienzan a diluir, nadie se quiere hacer cargo de la cuenta.

El Peronismo fue el movimiento que sentó a la mesa de las discusiones al obrero, eso es irrefutable, pero errores del mismo Perón nos dejaron a la vista que ya estábamos gastando más de lo que teníamos. El resto de los mandatarios que lo siguen en la lista quisieron emular a Perón, pero debo aclarar un pequeño detalle… ellos nunca lo fueron ni los tiempos eran los mismos.

Cualquier observador atento de las realidades históricas dirán qué hace Mauricio Macri en ese pelotón; el presidente argentino ya está allí porque utiliza demagógicamente todas las herramientas políticas de sus colegas apoyando a minorías que lo llevaron al Poder; cuando el resto hizo lo políticamente correcto, volcar sobre las clase medias y bajas la fiesta, Cambiemos hace todo lo contrario. Gobierna para los ricos en detrimento de las clases populares. El Poder a Macri ya lo enfermo y vuelca toda su furia en aquellas franjas sociales que siempre lo cuestionaron.

La enfermedad de los “malos”, en definitiva, estaría determinada por su irracionalidad, por la desmesura, por su avidez sin límites. Una suerte de tragedia shakesperiana en la que el afán de poder de los presidentes, apoyados por pueblos manipulados, conduce a la locura. Y ésta a la muerte. Desde la perspectiva planteada, que con distintas variantes y matices recitan los medios hegemónicos y repiten los principales referentes de la oposición, el poder tiene una localización geográfica bien definida: la casa de gobierno. “El Poder” es el gobierno, señalan. A veces lo dicen con ingenuidad. Casi siempre, con cinismo. 

Los grande medios de comunicación jamás se atreverán a plantear, aunque lo sepan, que el poder son las corporaciones económico-financieras, cuyas decisiones pueden tener más incidencia en la vida cotidiana de millones de personas que las de muchos gobiernos. Tampoco escribirán que el poder son los grandes bancos, la timba financiera o los grupos de medios concentrados, cuyas ganancias, supremacía e influencia superan, en buena medida, a las de la mayoría de los países de la Tierra.

Esta mirada se complementa con la subestimación permanente de los pueblos. En especial, los latinoamericanos, quienes son engañados por los “enfermos del Poder”. Es por ello que se empecinan en rechazar la civilización del ajuste, el saqueo y humillación del Norte para abrazar la barbarie de la justicia social, y la soberanía económica. Si el Poder es el gobierno y este está enfermo de poder, vencer la enfermedad significa vencer al gobierno. Y una vez vencido el gobierno, qué queda. El poder real. Este seguirá vivito y coleando ya que, al no ser Poder, no está enfermo y, se sabe, sin enfermedad se allana el camino a la inmortalidad. 

 Además, la enfermedad como metáfora política no deja de ser inquietante, sobre todo si se tiene en cuenta que con la enfermedad no se dialoga, se lucha, se combate hasta las últimas consecuencias, se la erradica. Si los pueblos son manipulados, tratados como ineptos, qué queda. Reemplazarlos, hablar y actuar en su nombre. “Los pueblos también se equivocan” es la frase que eligen para justificar el anhelo de una “democracia calificada”, conformada por “intelectuales serios”, “periodistas serios”, “empresarios serios” y “políticos serios” como los que gobernaron durante la mayor parte de nuestra historia.

Mauricio Macri se prepara para enfrentar al Peronismo en las próximas elecciones presidenciales, Macri se prepara para la primera gran derrota. Y luego qué, vuelve el Populismo? Seguirá la fiesta descontrolada? Somos nosotros los que debemos delegar el Poder, deberíamos ser nosotros los que pongamos definitivamente los límites a este ‘Cambalache’ de dirigentes políticos. No son ellos. Ellos solo gobiernan en nombre nuestro. Nunca lo olviden.

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