NOTA DE OPINIÓN: ¿Es tiempo de parar la pelota?; por Tomás Mangonnet

El resultado final de la Selección argentina, en el Mundial de Rusia 2018, es la crónica de una muerte anunciada. Por eso, en el momento de dar pronósticos antes de cada partido, los hinchas del seleccionado preferían ser cautos y no arriesgar, más allá de tener esperanza y confianza por el solo hecho de contar con el mejor jugador de todos los tiempos. De esta manera, la historia reciente indica que se logró clasificar al Mundial de milagro, con tres goles de Messi, en la altura de Quito, en Ecuador, y una serie de resultados favorables en otros encuentros, pues el pase a octavos de final fue con mucho sufrimiento y suspenso por no depender de sí mismo. Asombrosamente consiguió marcarle dos goles al desequilibrante conjunto francés, tras ir perdiendo por la mínima; pero alzar la Copa del Mundo de milagro es imposible.

Desde la final – ante Chile-  en la Copa América Centenario, en Estados Unidos, que la Argentina no logra consolidar un equipo competitivo, capaz de explotar sus máximas figuras. Con el resultado consumado, la Albiceleste paga, en este Mundial de Rusia, una degradación futbolística sin identidad y un trayecto de devastación política e institucional, sumado a abusivos cambios de rumbo en lapsos cortos de tiempo, con 3 presidentes: Julio Grondona, Luis Segura y Claudio “Chiqui” Tapia. A este complejo escenario se agrega un Presidente interventor de la Comisión Normalizadora de AFA, como Armando Pérez, la elección bochornosa  del “38 a 38”, que tuvo lugar cuando se seleccionaba presidente de la AFA y se desarrollaba una disputa electorera entre Marcelo Tinelli y el actual mandamás de la entidad máxima del fútbol argentino, y cuatro entrenadores en cuatro años.

En lo que respecta a lo deportivo, se perdió mucho más que un partido de fútbol, ese sábado 30 de junio, ante Francia, porque – en definitiva – fue una trompada llena de realidad que dejó a todos anonadados y nos bajó las ínfulas de potencia deportiva. A los argentinos les pasa seguido que se enloquece con ganar con actitud y coraje, pero objetivamente para obtener una victoria tenés que jugar bien, independientemente de los estilos. Todo esto quedó demostrado cuando supimos que no alcanza con actitud y correr improductivamente, hay que jugar bien y en equipo. Como consecuencia, llegó el tiempo de parar la pelota, analizar qué es lo que se hizo mal, pensar en un proyecto para revalorizar las inferiores de la Selección argentina y determinar los objetivos y metas del nuevo rumbo que va a tomar el fútbol nacional. Asimismo, hay una renovación generacional que es tardía e inevitable, que tendrá un horizonte futbolístico con destino a Qatar 2022, sabiendo que en el camino habrá turbulencias porque ninguna transición es sencilla y simple.

Definitivamente hay que aprender y concientizarse que la llave de la Selección argentina no se le puede dar, ni regalar, a nadie porque no es un botín de guerra, tiene que ser un proceso de construcción colectiva donde cada uno cumpla su rol y pueda aportar su ayuda desde su autonomía individual. Los fanáticos ya tomaron la postura de apoyar al equipo, juegue quien juegue, dirija quien dirija, presida quien presida, porque la camiseta está por encima de todos y de todo, hay que dejar de pensar del “sálvese quien pueda” y en el propio beneficio, sea económico o deportivo, desde todas las partes: dirigentes, cuerpo técnico y jugadores.

Así, los dirigentes se tienen que limitar a hacer el trabajo que se ajuste a su posición, sin tomar nada que no le corresponda; los cuerpos técnicos no se deben dejar obnubilar por las estrellas futbolísticas, sino asumir su rol de líder y respetar sus convicciones; y los jugadores no tomarse por cuenta propia responsabilidades que no les corresponden y dedicarse exclusivamente a representar a su país y a darle con inteligencia y estrategia de equipo a la pelota.

Mención especial merecen  los operadores, comunicadores y medios que tenían el solo objetivo de desprestigiar a esta generación, fomentando de distintas maneras la destrucción de estos futbolistas; esto provocó e influyó bastante en el resultado de la crisis actual. Ojalá me equivoque y que todavía haya tiempo, pero lamentablemente no supimos sacarle partido al mejor jugador del mundo, que habrá tenido sus errores, pero con mucha seguridad no lo supimos aprovechar, por lo menos hasta ahora.

A esta generación se la criticó desde el inicio, pero en estos últimos dos años fue cuando más reproches recibieron y tal vez con justa razón. Pero fueron muchas mezquindades e intereses personales los que llegaron a límites insospechados el nocaut que padece, ahora, la Selección. Más allá de la excesiva y abusiva impunidad de unos pocos, hay mucha gente con la racionalidad necesaria para poder disociar, separar y brindar su opinión, sin recurrir a la valoración sesgada y con intereses políticos. La opinión y el profundo análisis, forma parte quehacer periodístico, pero la destrucción y la masacre, no. Y esto se dio mucho aquí.

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