«MUCHAS MUERTES EN LA PROVINCIA DE URTUBEY»; por Claudio Hugo Naranjo

Se nota a la distancia que el gobierno de Salta se maneja en la impunidad que le otorga el Poder, es muy notorio el desdén del gobernador en los temas más candentes de la provincia norteña, una muerte más ensombreció la recordación del Día Internacional de la Mujer. El cuerpo estaba en el río Vaqueros, semisumergido. Según los primeros datos, tendría unos 45 años y pesa 106 kilos. Peritos trabajan para identificarla. Salta es la segunda provincia con más femicidios por habitante; Hubo 1,9 casos por cada 100 mil ciudadanos en 2017, más del doble que en 2016.Un 16 por ciento de las víctimas había hecho una denuncia por violencia de género. 

El año que comenzó con el asesinato de Andrea Neri en una celda de la cárcel de Villa las Rosas, en los primeros días de enero, terminó con la segunda tasa más alta de femicidios del país, de acuerdo a un informe de la Defensoría del Pueblo de la Nación que se conoció ayer. En 2017 mataron a 24 mujeres en la provincia, según este relevamiento, lo que implica que hubo 1,9 casos por cada 100 mil habitantes. 

Pero quisiera recordar el 17 de agosto de 2017, el mismo día en que el Gobernador de Salta y su reluciente esposa intentaban mostrarle las maravillas de su gestión a la Primera Dama, Juliana Awada, de visita en la provincia, se ha confirmado el hallazgo del cadáver de la joven Paola Álvarez, quien era intensamente buscada por las fuerzas de seguridad en los últimos meses.

A pesar del terrible hallazgo, el clima político en Salta sigue siendo el mismo. Nadie, por temor a represalias o a perder sus ingresos, se animó esa tarde a denunciar lo que es poco menos que evidente: que se mata con asombrosa facilidad a las mujeres en Salta, porque el gobierno no acierta a protegerlas adecuadamente.

La noticia, ya de por sí lamentable, lo es mucho más todavía si se tiene en cuenta que se ha producido el mismo día en que dos mujeres con importantes responsabilidades en la política nacional (la ministra Carolina Stanley y la primera dama Juliana Awada) se encontraban en Salta. Los salteños deberían experimentar vergüenza ante esta infeliz coincidencia, pero callan y miran pasar delante de sus ojos las cosas más bárbaras sin apenas inmutarse.

El problema excede notablemente los acotados marcos de la violencia de género. Es un error creer que con medidas pensadas para atacar una violencia generalizada pero de baja intensidad se puede acabar con esta matanza sistemática que amenaza los propios cimientos de la sociedad.

Hay en Salta un fenómeno criminal que no tiene raíces culturales como pretende el gobierno sino que obedece a motivaciones complejas y se ve especialmente favorecido por unas políticas equivocadas, mal llamadas «de género», que exacerban los peores componentes ideológicos de la división entre los sexos, que fomentan la criminalización indiscriminada del varón, al tiempo que se alientan formas de diversión popular que cosifican a la mujer y la convierten en objeto de los peores instintos del ser humano.

Estas políticas erradas son responsabilidad exclusiva del gobernador Juan Manuel Urtubey, de su cerrado conservadurismo, de su negativa a educar en la igualdad renunciando a las manipulaciones ideológicas y de su imperdonable egocentrismo. El gobierno provincial, inerme y desbordado, debe dar un giro urgente en esta materia y buscar otras soluciones, que sean compatibles con los niveles de libertad que demanda la sociedad.

Mañana mismo podría la Provincia de Salta reducir su pobreza a cero y tener las instituciones más eficientes del país, que en tanto sigan apareciendo cadáveres de mujeres asesinadas en las cunetas, el Gobernador de Salta jamás podrá alcanzar su sueño de convertirse en Presidente de la Argentina.

No solo lo impedirán las mujeres a las que ha dejado de defender si no todo el pueblo argentino. Se nota displicencia y algo de soberbia en el ejecutivo provincial. Es algo que el ciudadano común deberá estar alerta.

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