¡ME BALEARON, ME ESTOY MURIENDO!; por Claudio Hugo Naranjo

En el último año fueron asesinados un policía bonaerense cada 31 horas. Entre el sábado y domingo perdieron la vida en manos de delincuentes dos agentes femeninos de dicha repartición. Los delincuentes deberían haber estado en prisión, pero la Justicia determinó que podían gozar de la libertad condicional, pues no eran un peligro para la sociedad. Se trata de Lourdes Espíndola, de 25 años, y Tamara Ramírez de 26. Recién comenzaban sus vidas y fueron asesinadas a quemarropa. 

La Policía de la provincia de Buenos Aires está al mando del Comisario General Fabián Perroni , que a su vez recibe órdenes del Ministro de Seguridad, Cristian Ritondo; quién es subordinado de la gobernadora María Eugenia Vidal. La fuerza cuenta con 100.000 efectivos distribuidos a lo largo y ancho de la provincia, una extensión demasiado grande para esta cantidad de personal. Pero este no es el mal o problema real. La Institución está carcomida por la corrupción en su cúpula desde que la última dictadura militar comandara sus filas.

Sus jefes -los sangre azul- viven en country, gracias a la connivencia promiscua con la cual tranzan con toda clase de criminales; el narcotráfico, las salideras bancarias, los piratas del asfalto, el contrabando, la zona liberada, la trata y la tranza es el modus operandi de los jefes de los policías asesinados como carne de cañón. Un agente recién largado a la calle cobra mensualmente $19.000. Un Comisario General $45.000. Algo huele mal. En las dos puntas de la cuerda el sueldo es magro, es una invitación a cruzarse de vereda; pero la amplia mayoría de la familia policial no lo hace, porque simplemente no nació delincuente. El vigilante sobrevive haciendo servicios adicionales y endeudándose con créditos para poder mantener un hogar. 

Mientras tanto en la otra punta de la cuerda, los señores Comisarios aún hoy no presentaron sus declaraciones juradas a la gobernadora, porque no pueden justificar sus bienes; lo extraño es que todavía no hayan sido expulsados de la Institución y detenidos por -como mínimo- incumplimiento de deberes público. El Ministro Ritondo no habla, hace silencio. La gobernadora Vidal sigue el mismo camino. Este gobierno llegó, entre otras cosas, para combatir la corrupción, algo sucedió en el medio que no nos hemos enterado. Parece que todos miran para otro lado.

La fuerza para limpiarla de raíz, debería estar en manos de un civil, que tenga la aprobación principalmente de la ciudadanía y reemplazar todas las Departamentales y Comisarías por hombres y mujeres probos, que estén dispuestos inclusive a perder la vida. Confío en la Gobernadora, por algo vive dentro de un cuartel militar, pero deberá tomar consciencia que habrá que operar sin anestesia en el poco tiempo que le queda hasta las elecciones del año próximo.

Un Comisario corrupto es 100 veces más peligroso que un delincuente. La cúpula de la policía está totalmente podrida. Se necesitan cambios urgentes, pero es muy probable, que ya nadie los haga. He perdido la confianza en todos y este mal se va expandiendo en todos los ciudadanos. El que se «Vayan Todos»… no está muy lejos.

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