«Se vienen meses difíciles» palabras dichas por Mauricio Macri dirigidas los intendentes de Cambiemos

Anoche, asado en Olivos con 68 intendentes de Cambiemos de la provincia de Buenos Aires. El de Mar del Plata no fue invitado.

El 80 por ciento de los 68 intendentes de la provincia de Buenos Aires, todos de Cambiemos, que anoche compartieron un asado en el quincho de la Residencia Presidencial de Olivos, no conocían el lugar. Lo marcó David Hirtz, de Adolfo Alsina, quien además contó que él sí había estado en Olivos, en 1984, invitado por Raúl Alfonsín.

Llegaron puntuales a las 19.30, comieron alguna empanada, y a las 20 apareció el Presidente de la Nación, acompañado por la gobernadora María Eugenia Vidal y varios ministros del Gobierno nacional, desde Marcos Peña, hasta Nicolás Dujovne, pasando por Patricia Bullrich, Javier Iguacel, Guillermo Dietrich, Dante Sica, Gustavo Santos, Adolfo Rubinstein, Sergio Bergman y Pablo Avelluto, que se mezclaron entre los invitados para intercambiar tarjetas y experiencias. De los intendentes estaban todos menos el de Mar del Plata, Carlos Arroyo, que no fue invitado.

Se sentaron a la mesa, comieron un chorizo y una morcilla por cada uno, se escuchó algún chiste por la austeridad que caracteriza a las mesas oficiales y empezaron los discursos.  Arrancó Vidal, siguió Jorge Macri, intendente de Vicente López y presidente del Foro de Intendentes de Cambiemos, y Néstor Grindetti (Lanús), Ramiro Tagliaferro (Morón), Miguel Ángel Gargalione (San Cayetano), y Héctor Gay (Bahía Blanca). Cerró Mauricio Macri, que habló durante inusuales 25 minutos.

Como es habitual, su tema fue la gestión y no la política. Reconoció que los próximos meses serán difíciles, y que tendrían que entrenarse para decir «pocos sí y muchos no». «Gobernar es a veces tener que decir que no», y contó que las decisiones más importantes en su vida, las que tuvieron más trascendencia, fueron para decir que no. Puso el ejemplo de cuando decidió no contratar a Diego Maradona en Boca Juniors. «Veinte años después todavía me sigue puteando», dijo el Presidente.

Siguiendo con el rol del gobernante dijo que «gobernar no es tanto dar como crear». «Gobernar es crear trabajo, generar las condiciones para que se genere trabajo genuino, algo que no es automático, pero que coloca al gobernante en un lugar no demagógico, sino creativo», explicó ante los intendentes que lo escuchaban como en misa.

El asunto de los cuadernos de la corrupción también fue motivo de su charla. «Los kirchneristas no solo eran chorros, sino inútiles, porque si hubieran explotado Vaca Muerta hoy la Argentina estaría exportando petróleo», aseguró. Y contó que «en tres años estaremos en ese camino, y este vamos a volver a exportar gas».

Cuando estaba hablando llegaron las costillas de asado, «una costillita y una ensaladita por invitado», según se lamentó uno de los presentes. Sin embargo, al Presidente le pareció una fiesta. «Verán que a pesar del ajuste, comemos asado», remarcó mirando los platos.

«El Presidente habló con humildad, y mostrando que sabe lo que pasa en la calle», dijo un intendente. «Remarcó la necesidad de usar la creatividad para que este momento difícil nos sirva para dar un salto de calidad en nuestra gestión», contó otro. «Demostró que sabe que las políticas públicas se pueden cambiar con la mirada de los intendentes, porque tanto Macri como Vidal fueron intendente y vice y conocen nuestros desafíos», aseguró otro.

De política no se habló. Fue un asado de gestión y contención. La semana pasada, Peña hizo reuniones en Casa Rosada con los intendentes de la provincia de Buenos Aires agrupados por sección electoral, a los que les dio café y agua. Y Vidal juntó el miércoles pasado en un almuerzo a los «Sin Tierra» del conurbano (los dirigentes con chances de destronar a los barones peronistas del Gran Buenos Aires) y se jugó con una empanada de carne y otra de jamón y queso por cada uno, servidas con agua y gaseosa light. El ajuste, parece, llegó para quedarse.

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