“¿Quién es Delia?”, la novela arrancada de las entrañas de una familia; por Paola Galano

Un amor inconveniente y luego una enfermedad como consecuencia de esa pasión alcanzaron para que recibiera el peor de los destinos: un silencio como llave, como lápida, el mutismo de toda una familia. “Desde que en 2010 tuve una prueba concreta de la existencia de Delia, supe que sería mi obligación escribir sobre ella. Me di cuenta de que el esfuerzo de mis mayores por borrarla de la memoria familiar podía influir en los que fuimos naciendo luego”.

La escritora Nora Albalat arranca así su novela “¿Quién es Delia?” (Lágrimas de Cirse), una historia inspirada en hechos reales, que le valieron varios años de investigación en los propios archivos familiares y que la llevaron a tomar “la difícil decisión” de contar lo que estuvo oculto por años y años y años.

Varios familiares la ayudaron en la pesquisa que intentó perfilar a Delia, la tía de la autora por parte de madre, la tía que no tenía cara. Fotos, datos, recuerdos, frases, dedicatorias de libros que permanecieron en lo más alto de la biblioteca se convirtieron en piezas de un rompecabezas que finalmente quedó cerrado en las doscientas cincuenta páginas del libro.

Además, la autora recibió los consejos de personas vinculadas a la terapia de las consteladoras familiares. “Me alentaron a escribir esta novela con esta frase: ‘No importa mucho la historia o lo que pudo hacer cada uno de los excluidos de una familia, sino que vos la traigas al sistema otra vez’”. Actualizar aquella vieja historia fue sanador, explica hoy la autora a LA CAPITAL.

Amparada en esta corriente terapéutica, Albalat cita una frase del teórico alemán Bert Hellinger: “La vida humana es dirigida, en gran parte, por dinámicas ocultas”.

Para la autora, que tiene otras ficciones escritas (“Ocho cuentos y un solo final”, “El modo en que las cosas no son”) y que es cantante y guitarrista, el silencio de su propio entorno e incluso otros silencios que se ciernen en contextos vinculares tienen un fin aleccionador. La historia de Delia se ocultó “para que los niños (y las niñas) no la tomaran como ejemplo de desobediencia, y otro poco se calló por ignorancia”, reflexiona.

Aunque está radicada en Mar del Plata desde hace años, Albalat ([email protected]) nació en Chivilcoy, es parte del colectivo Mar de Cuentos y sus libros se encuentran en ferias independientes y librerías de la ciudad.

– ¿Cómo apareció la idea de escribir ¿Quién es Delia?

– La novela fue arrancada de las entrañas de toda una familia que imaginaba que había fallecido de sarampión. Y fue escrita con mis entrañas. Por momentos parecía que la propia Delia me daba pistas porque quería ser devuelta a la memoria familiar. Apareció porque mi madre ya estaba muy viejita y su filtro le falló. Encontramos con mis sobrina nietas, en casa de mamá, un libro de adivinanzas con una dedicatoria para Delia, de 1924, y muy inocentemente pregunté ¿quién es Delia?

– ¿Cómo fue el proceso de escritura, teniendo en cuenta que la historia ocurre en tu propia familia?

– Investigué durante cuatro años sin animarme a escribir una palabra. Mi madre me hizo prometer que nunca más íbamos a hablar del tema. Recién en 2014, cuando mamá falleció, empezó a tomar forma la idea de hacer la novela. Y no sólo me movilizó de muchas formas, sino que movilicé a todos los primos y primas, que sabían bien poco del tema. Encontrar una foto de cuando se recibió de maestra con todos los nombres detrás fue la más grande ayuda. Esa foto (que me trajo mi primo de Lobos) me llevó a encontrar otras cinco más; ¡es que nadie sabía qué cara tenía Delia! Y el proceso de escritura duró justo un año, más seis meses de corrección y edición.

– ¿Hubo cosas que decidiste no contar para preservar detalles, personas que ya no están u hechos dolorosos? ¿O todo fue material para la historia?

– Hubo varias cosas que fueron omitidas y otras tantas que fueron suavizadas.

– ¿Qué porcentaje de ficción tiene la novela?

– ¿Quién es Delia? tiene diez renglones de argumento contado por mi madre en esa última conversación que tuvimos en 2012 y luego mis propios recuerdos comenzaron a aflorar milagrosamente cuando me di cuenta de que cada vez que mis otras tías contaban algo refiriéndose a “una de nuestras hermanas”, se estaban refiriendo a Delia. Por otra parte, no sabía la edad ni la profesión de su novio y las inventé, pero luego supe que Miguel había sido pintor, tal como imaginé. Y suponía que tenía la misma edad que el padre de Delia, aunque no me animé a poner semejante diferencia de treinta y un años. Luego la historia me dio la razón, y en la presentación de la novela en Lobos (ciudad en donde sucede mayormente la trama) una señora que hojeaba el libro mientras yo hablaba, se levantó y dijo: “¡Mi mamá fue al colegio con Delia, tengo fotos!” Al tiempo me trajo las fotos, en un viaje que hizo a Mar del Plata, y encontramos una foto de Delia junto a su novio Miguel y él seguramente le llevaba esos treinta y un años que yo suponía. Y yo lo suponía porque todas mis sobrinas mayores y las sobrinas de mis primos tuvieron parejas que les llevaban esa edad.

– ¿Por qué ocurrían esos silencios en las familias? ¿Te parece que es una característica de las familias de antaño, las de hoy son más abiertas?

– En esa época era muy común silenciar los hechos que no se podían explicar sin causar dolor. Y también era común recortar las fotos, la cara o la persona entera, para que la gente no preguntara qué fue de ella. Se silenciaba por dolor o por vergüenza.

– ¿Por qué decidiste estructurar la novela como si fuera una novela policial en la primera parte y en la segunda contar la historia de Delia?

– En una primera etapa comencé a escribir las “pistas” sólo para mí. Luego se las iba dando a leer a todas esas personas que figuran en los agradecimientos. Y por último acordamos con el editor que debía incluirlas para que el lector conociera el proceso de escritura.

– ¿Escribir esta historia buscó animar a que otras familias sinceren cuestiones de esta índole?

– Escribir esta historia fue un acto de gran valentía. Siempre fui de tirar la primera piedra. No sabía el efecto que iba a tener en otras personas que no fuesen de la familia. Pero las cartas que recibí de los lectores alcanzan para llenar otro libro de trescientas cincuenta páginas. Personas de diferentes edades y culturas me escribieron para contarme que habían conversado con su abuela o su madre, según el caso, y que habían podido conocer esas cosas de las que no se hablan. Todas estas personas me contaron que se sintieron mucho mejor al saber la verdad que buscaban.

– ¿Considerás que tu familia silenció a Delia porque era mujer? ¿Si hubiera sido hombre el que protagonizaba la historia se hubiera hablado de él?

– No. En el caso de mi familia no tuvo que ver el género. Y te comento que hubo también oculto un familiar hombre, sobre el que estoy investigando ahora.

– Muchas generaciones fueron criadas en el concepto de que el silencio es salud… pero más bien parece todo lo contrario, ¿el silencio es enfermedad?

– Tal cual. Y quién sabe qué tan enferma pudo haber estado Delia, o si se justificaba que fuese internada. Es probable que la internaran para silenciarla, pero eso no tengo posibilidad de saberlo, a no ser que se encuentre la historia clínica (del nosocomio en el que estuvo internada), cosa que ya hemos buscado exhaustivamente.

– ¿Se callaba para que otros amores inconvenientes no se replicaran en el seno de una misma familia?

– Claro. Para que los niños (y las niñas) no la tomaran como ejemplo de desobediencia. Y otro poco se calló por ignorancia. Tenemos que tener en cuenta que no existía licencia por psiquiatría en ningún trabajo en esos años, y que la locura era vista como algo incurable. Un simple ataque de pánico era tratado con electroshock. Y hoy sabemos que el electroshock inhabilitaba al que lo recibía. Y también sabemos hoy que lo que se calla se intuye y muchas veces se replica de todos modos.

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