«ME ESTOY MURIENDO»; por Claudio Hugo Naranjo
RELATOS SALVAJES

Steve Jobs, el célebre creador de Apple, escribió una carta antes de su muerte, una de las partes que más llamó mi atención es esta: “En este momento, acostado en la cama del hospital y recordando toda mi vida, me doy cuenta de que todos los elogios y las riquezas de la que yo estaba tan orgulloso, se han convertido en algo insignificante ante la muerte inminente”.

Jobs, transitó los últimos tramos de su vida, lúcido, pero con miedo; afrontar la muerte es uno de los mayores desafíos de los seres humanos, pues no sólo nos obliga a aceptar lo inevitable, sino a encarar nuestro propio miedo, que es el más agobiante de todos. Pero aún con dolor, la muerte no me hará perder el optimismo.

Y la realidad es que pienso más en mis seres queridos, mis hijos y mis nietos, que en el abismo que están viendo mis ojos; ¿el dolor es mío o es el dolor por el dolor de ellos?

Recordé haber leído a una escritora española que decía, en relación al dolor de ellos: “Nuestro dolor es egoísta. Para aliviarlo, debemos reflexionar, pensar un poco más en la persona que se fue y cómo podemos ayudarla. Demostrarle cuánto seguimos amándola”.

Es mucho más que ese excepcional fragmento, somos egoístas ante la muerte, la vida es tan bonita y corta, que nos aferramos a ella como a un amor que se nos está yendo; tal vez seamos algo más que un cuerpo, y que la vida tal vez continúe en un plano que trasciende la materia y nuestros cinco sentidos.

Leonardo da Vinci (1452-1519) narra en una de sus famosas reflexiones: “Así como una jornada bien empleada  produce un dulce sueño, así una vida  bien usada causa una dulce muerte”, habla, sobre el momento en que el alma trasciende y para lo  cual hay que prepararse siempre.

Creo, que me vengo preparando desde que tenía 15 años; supe inmediatamente, en los minutos mismos, en donde el desorden maneja la escena, que debería vivir todos los días de mi vida como si fuera el último. Y así lo hice. Comparto el pensamiento claro de Da Vinci. He vivido con la misma velocidad que ese día de julio de 1970, a las curvas y contracurvas las tomé sin miedo, pensando siempre que podía ser la última.

Las imágenes son borrosas, son imágenes del pasado que se mezclan con las nuevas, en aquellas estoy yo frente a la vida, arrogante y desafiante, en un instante tenía todo y un chasquido de dedos me quitaron todo. Comprendí, sin enojarme, que esa es la vida. A la vida no se la piensa, a la vida se la vive. Y en el plano del presente, está tal vez, aquel miedo con el cual no contaba, las imágenes son fuertes, son niños y niñas, que nunca podrán conocerme del todo, porque a mis tiempos los cronometré sin ellos. No podré disfrutarlos, ver a mis nietas señoritas y ellos buenos mozos. Ese es el miedo con el cual no contaba.

No tengo tiempo, lo supe hoy, pero tomaré la última curva con la frente alta y con una sonrisa, como lo hice siempre.

Deja una respuesta