«ARGENTINA… CAPITAL DE LOS INFIERNOS»; por Claudio Hugo Naranjo
Luis Caputo

Cuando escribí «Colombia… Capital de los Infiernos» (Novela-2000), el país caribeño al cual amo con profundos sentimientos, estaba atravesado por un conflicto interno del cual eran improbas las posibilidades de salir indemne de aquel atolladero político, social y económico; el Estado, las guerrillas y los paramilitares estaban desde hacía 50 años enfrentándose a quemarropa. Las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas) estuvieron a muy poco de alzarse con el Poder, tomarlo por las armas; en ese enhebrado de consecuencias inimaginables aparecía en escena el narcotráfico, que negociaba espacios territoriales con las guerrillas de Tirofijo, Comandante de ese grupo armado revolucionario. Y si faltaba algo, se crearon fuerzas paramilitares que se cansaron de asesinar civiles que nunca cooperaron con las FARC.

Pasaron 19 años y hoy Colombia es otra, las fuerzas guerrilleras negociaron con el gobierno la entrega de armas, en aras de pacificar la Nación. Y lo lograron.

Argentina estaba ingresando, por aquel año, a un callejón sin salida, llevada de la mano por todos los gobiernos desde Carlos Menem en adelante; lo incendiaron, literalmente. Entre los incapaces y corruptos terminaron con un país que fue el epicentro de Latinoamérica a mediados del siglo pasado. Le decían el granero del mundo. Ya Juan Domingo Perón, al regresar en 1972 al país después de su largo exilio, le dijo a los dirigentes gremiales de aquella época: “Les dejé una estancia y me encuentro con un kiosco”. Y rescatemos un detalle no menor, aquellos dirigentes sindicales no estaban cuestionados por chorros, en casi todos los casos existía una mirada ciudadana hacia ellos de desconfianza política; o si mengano tenía más ferretería oculta en su sindicato que fulano, la duda era quién mandó a asesinar a quién, pero no cuánta plata se robo. Aclaro que no estoy enarbolando la violencia, pero Colombia también pasó por sus 70’ y la pudieron poner de pie. ¿Queda claro?

¿Tienen los argentinos lo que se merecen? Es una frase mentirosa, hipócrita, para nunca ponerse frente al espejo; qué hicieron para merecer un Moyano o varios Moyanos; qué hicieron para comprarse a un Menem, De La Rúa, Néstor, Cristina o Macri? Los votaron. Está bien, aceptó, ese fue un error. Pero los argentinos no robaron desde el Estado, dejando a un país en ruinas; y qué culpa tienen si la otra mitad son incapaces? La expresidenta todavía está en libertad, Moyano está en libertad y se robaron todo, hoy andan juntos para escaparle a la prisión. ¡Son chorros! Qué culpa tienen los argentinos que estos impresentables aún sigan hablando por televisión, rodeados de miles de personas, en un acto y que a esos miles no les importe nada de lo que hicieron. ¡Son chorros! Lo que esperan los argentinos, que más temprano que tarde terminen sus días en Ezeiza ¿Es mucho lo que piden?

Y ahora vienen los otros, los incapaces, los que se balean un testículo mañana de por medio ¿Quiénes son? Estos, los que gobiernan hoy este bendito país. ¿Se merecen los argentinos a estos tarados? Porque son tarados. Un ejemplo: cómo puede ser que el íntimo amigo del Presidente, titular del Banco Central, Luis Caputo, renuncie, mientras su amigo está negociando de rodillas en el FMI que le presten más plata. ¿No se enteró que estaba en EEUU con Donald Trump y Christine Lagarde y hoy justo daba un discurso en la ONU? No, esté incapaz no se enteró. Y no nos vengan con que fue una maniobra política para dejar en segundo plano al Paro Nacional, porque no se lo cree nadie. Son incapaces y muy peligrosos. Y el peligro radica en algo que ya el argentino se está dando cuenta… la gente está podrida. A la gente no le alcanza la plata para comer. La gente está saliendo a la calle y ustedes no se dan por enterados. ¿Saben por qué?… porque son tarados e incapaces. Y muy peligrosos. Recuerden que los que se robaron el país durante 12 años están también en la calle y son violentos; ¿este es el país que nos van a dejar?… con la abuela embarazada y sin papá a la vista. ¡Gracias!

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