Luego del acuerdo con el FMI… ¿Cuál es el peso de Dujovne en el gobierno?

Se afirmó en la negociación con el Fondo y por el cambio en el Banco Central. Aunque lejos de ser superministro, gana espacio al estilo de un jefe de Economía tradicional. Eso mismo lo expone más que a cualquier otro funcionario: enfrenta su prueba mayor

Final de una semana intensa que anudó un nuevo cambio en la conducción del Banco Central, el acuerdo con el FMI y otra escalada del dólar. ¿Cómo queda plantado Nicolás Dujovne? Parece claro que logró consolidarse en medio de la crisis y que insinúa rasgos de un ministro de Economía a la vieja usanza, pero nada de superministro, condición que la tradición asocia de manera directa al éxito. La ecuación entonces podría ser la siguiente: Dujovne está más sólido en su puesto, aunque frente a su prueba mayor y definitoria.

El resultado se verá con los días, al margen de internas y del eco de experiencias que desaconsejan el encumbramiento desmedido de funcionarios. Dujovne está mejor plantado en un área que sin dudas –por efecto de la crisis económica y social pero además por convicciones presidenciales que entraron en crisis- acumula el mayor registro de cambios y caídas. Con todo, el último rearmado de gabinete, en la práctica, no alteró sustancialmente los equilibrios políticos internos.

Macri terminó inclinándose por la reducción de la cifra de ministerios, pero privilegiando el objetivo de achicar el número y generando algunas subordinaciones formales de áreas, que bajaron al escalón de secretarías, a todas luces apresuradas y discutibles. De todos modos, el dato saliente y con formato de pregunta después de aquel reacomodamiento fue a cuántos centímetros del precipicio había quedado el jefe de Hacienda. Mala señal, de debilidad, frente al cuadro agravado de la crisis.

El manejo de las tareas económicas, desagregadas en varios ministerios y sin supremacía de uno sobre otros, fue diseñado de ese modo por decisión directa de Mauricio Macri. Marcos Peña, jefe de Gabinete –y naturalmente por encima de los ministros-, pesaba no sólo por su lugar en la jerarquía de funcionarios, sino además porque el «estilo» presidencial colocaba también en un peldaño superior y de supervisión a sus dos vices.

Se ha dicho: el rubro de la Economía es hasta ahora el más afectado por recambios, en el plano formal e informal. Gustavo Lopetegui y Mario Quintana dejaron de ser referencia. Y en distintas posiciones, antes Alfonso Prat-Gay había dejado Hacienda y Carlos Melconian, el Banco Nación. Después también le llegó la hora a Federico Sturzenegger, que por prestigio parecía intocable en el Banco Central. Poco se mantuvo en el mismo despacho Luis Caputo, cuya salida fue precedida y sobre todo sucedida por explicaciones oficiosas que mezclan razones personales y de convivencia imposible con Dujovne, convertido en pieza clave de la renegociación con el FMI.

Esto último, el lugar de enorme exposición y por consiguiente, determinante de su afirmación personal en el cargo, ocurrió en menos de un mes y en el propio Gobierno amainaron las especulaciones sobre sucesores. La designación del nuevo presidente del Banco Central, Guido Sandleris, fortaleció la línea del ministro. Por supuesto nadie discute internamente tal alineamiento, ni el tema de fondo, que es la naturaleza del BCRA. La evaluación en medios oficiales es de cierta cautela y expectativa.

La coyuntura impone casi a los empujones que la lectura gire alrededor del acuerdo con el FMI y la apuesta a contener el dólar, paso indispensable para bajar los niveles de incertidumbre de los mercados, como se repite, y de la sociedad en general. La evaluación sobre los pasos dados por el Gobierno, como se verá, será inevitablemente más amplia, sobre todo si se cumple el objetivo inicial de serenar las aguas: esa misma distensión pondrá el foco sobre otras cuestiones políticas y en particular, sobre las respuestas de muy corto y de mediano plazo en el frente social.

Por supuesto, la velocidad del FMI para atender el caso argentino no está asociada sólo a la capacidad de negociación de los funcionarios y a la política de apertura encarada por Macri desde que llegó al Gobierno. Gravitan fuertemente además condiciones internacionales, complejas y a veces contradictorias. El apoyo de Estados Unidos, determinante en la decisión del Fondo, puede verse de ese modo: atiende un problema que acumula deudas de arrastre –la desatención de la región en general, por ejemplo- y también los efectos de su política actual, en particular los temblores que generan la disputa con China y los roces con sus socios europeos.

La coyuntura impone casi a los empujones que la lectura gire alrededor del acuerdo con el FMI y la apuesta a contener el dólar, paso indispensable para bajar los niveles de incertidumbre de los mercados, como se repite, y de la sociedad en general. La evaluación sobre los pasos dados por el Gobierno, como se verá, será inevitablemente más amplia, sobre todo si se cumple el objetivo inicial de serenar las aguas: esa misma distensión pondrá el foco sobre otras cuestiones políticas y en particular, sobre las respuestas de muy corto y de mediano plazo en el frente social.

Por supuesto, la velocidad del FMI para atender el caso argentino no está asociada sólo a la capacidad de negociación de los funcionarios y a la política de apertura encarada por Macri desde que llegó al Gobierno. Gravitan fuertemente además condiciones internacionales, complejas y a veces contradictorias. El apoyo de Estados Unidos, determinante en la decisión del Fondo, puede verse de ese modo: atiende un problema que acumula deudas de arrastre –la desatención de la región en general, por ejemplo- y también los efectos de su política actual, en particular los temblores que generan la disputa con China y los roces con sus socios europeos.

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