El cuervo de Poe venía de Dickens; por Luis Alemany
El Mundo Literario

«El cuervo, también, a pesar de lo intensamente divertido que es, podría haber sido más». Ésta es la frase fetiche de Ensayos completos I(Páginas de Espuma), de Edgar Allan Poe, y apenas hace falta explicar por qué, si las palabras «Poe» y «cuervo» aparecen cerca. Ensayos completos I reúne las críticas literarias del escritor de Baltimore dedicadas a la literatura inglesa. Antonio Rivero Taravillo es el traductor, Fernando Iwasaki es el prologuista y Charles Dickens es la presencia fantasmal que recorre todo el libro.

Bueno, quizá sea una hipérbole un poco gótica pero ¿cómo resistirse si estamos en las vísperas del día de Todos los Santos? Además, algunos datos son ciertos y relevantes. La frase del cuervo está tomada de la crítica que Poe publicó sobre Barnaby Rudge, una novela por entregas de Dickens en la que, entre mil giros del argumento, aparecía un cuervo hablador. «Poe se fijó en ese cuervo y dijo: ‘Dickens, ¡se te escapó el personaje vivo!'», explica Iwasaki. Dos datos importantesBarnaby Rudge apareció en 1842 y El cuervo de Poe es de enero de 1845.

En realidad, la historia del cuervo es el destello, poco conocido, de la historia que de verdad importa: la relación entre Poe y Dickens. «Poe escribió su primera crítica de Dickens en 1836, cuando tenía 27 años, y Dickens 24. Fue una apuesta de mucho mérito y de mucho riesgo y dio por completo en el clavo en su reseña», explica Iwasaki. Poe era un muy buen crítico, precoz, hostil contra los escritores de éxito y capaz de encontrar lo que nadie más veía en los textos.

También vivía en una calamidad permanente, empeñado en sabotearse a sí mismo. «Una vez, un amigo le consiguió una cita con el presidente de los Estados Unidos pero él se emborrachó por el camino y le dio plantón a la Casa Blanca», recuerda Iwasaki. Hay suficiente literatura escrita sobre las miserias de Poe. La última novela de Muñoz Molina, por ejemplo, le dedica muchas páginas. Pero lo que nos interesa ahora es el papel de Dickens en ese camino de autodestrucción.

Muy en resumen: Dickens era la referencia ‘aspiracional’ para Poe. Un poco más joven, disciplinado, profesional, reconocido desde muy pronto… Los dos trataban temas parecidos y eran escritores sobresalientes, pero a uno de ellos le iba bien y al otro, mal.

Dickens viajó a Estados Unidos en 1842, cuando ya era el autor de Oliver Twist.Poe maniobró para conseguir una entrevista con él. Lo cortejó, le envió sus críticas y le dedicó un ejemplar de Cuentos de lo grotesco y lo arabesco. La cita, que quizá consistiera en dos encuentros, se produjo entre el 5 y el 9 de marzo de 1842, en Filadelfia. No se sabe bien de qué hablaron, pero Poe dejó caer después que descubrió al inglés la poesía de Waldo Emerson. Si Poe esperaba que Mister D lo reconociera como a un genio, lo llevara a Londres y lo salvara de sí mismo, está claro que sus expectativas eran irreales.

¿Fue un desencanto? Sí, pero qué no fue un desencanto en la vida de Poe. Su reseña de Barnaby Rudge no parece marcada por el despecho. Hay algunos reproches pero están razonados, el juicio, en conjunto, es positivo y el texto demuestra que Poe conocía obsesivamente a Dickens a través de sus libros. Reconocía su humor, sus trucos, sus talentos y sus perezas.

Poe se estaba convirtiendo en el retrato secreto en el desván de Dickens, su doble arrugado y halitósico. Para el londinense quedó la gloria. Para el de Baltimore, como consolación, un cuervo negrísimo.

El Mundo-España

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