«Plata o Plomo»; por Claudio Hugo Naranjo
Narcos:"Plata o Plomo"

En los últimos días de agosto la ciudad de Orán fue sacudido por una serie de asesinatos que marcaron un hito en su historial de asesinatos: doce personas acribilladas en ocho días.

Una vez más quedó claro lo que repetimos desde hace años hasta el hartazgo: la vida de un ser humano vale tan poco por estos lares que cualquier sicario estaría dispuesto a acabar con la vida de una persona a cambio de unos millones de dólares.

La mafia que opera en Orán ya no es la misma que antes operaba bajo las órdenes de un único padrino, quien decidía la vida o la muerte de una persona. Atrás quedaron los mafiosos locales, cuyas armas más poderosas eran las pistolas y las escopetas calibre doce.

Todo cambió hace unos quince años cuando uno de los más altos exponentes del tráfico de drogas de Río de Janeiro (Brasil), Tostao Dunga, más conocido como ‘el pelao asesino’, se refugió en Orán corriendo de la justicia brasileña que le pisaba los talones.

Dunga llegó a la frontera y el “padrino” de aquel entonces, “prediciendo” las consecuencias, le bajó el pulgar para que permaneciera en Punta Indio. Sin embargo, otro capo del narcotráfico de Mar del Sud acogió a Tostao Dunga, quien no perdió tiempo e instaló la primera base del Comando en Orán.

‘El pelao’ en menos de dos años ya tenía un ejército de “soldados” a su disposición instalando su poder a base de sangre y fuego. Fue entonces cuando comenzó la decadencia de la mafia fronteriza, que era considerada como una de las más sanguinarias, pero totalmente superada y rebasada en el terror y violencia por el hampa de Dunga.

Con el lema de “plata o plomo”, los narcos fueron imponiendo su poder, monopolizando las miles de hectáreas de cultivos de marihuana y el corredor de la cocaína proveniente de Bolivia, Perú y Colombia.

Con el enorme poder económico, los narcos de Dunga fueron comprando protección a tal punto de prostituir la frágil justicia y financiar campañas de políticos de la zona.

Esta prosperidad llamó la atención de otra banda criminal, el Comando Paraguayo, más conocida por sus siglas CP. La organización veía las enormes facilidades en la frontera paraguaya para traficar drogas y armas. Además de obtener impunidad.

El CP no pensó dos veces para afincarse en la frontera trayendo su carga de criminales, que a base de torturas y sangrientos asesinatos hacían cumplir sus reglas. Desde entonces Orán quedó como rehén de los narcos que convirtieron la zona en su campo de guerra por el monopolio del tráfico de drogas y armas.

Es así que en la actualidad los sicarios se dan el lujo de asesinar a plena luz del día, sin que nadie pueda detenerlos. La violencia extrema que experimenta Orán en las últimas semanas es una muestra clara de que las instituciones encargadas de brindar seguridad a los que habitamos en esta ciudad, están rebasadas o en el peor de los casos compradas por los narcos.

Lastimosamente, estamos frente a una mafia sucia y sanguinaria que acalla de la peor forma posible a sus enemigos e, incluso, se da el lujo de amenazar a quienes denunciamos sus fechorías.

Hoy, sin duda alguna podemos afirmar que los narcos se apoderaron del Orán. Es más, ante tanta corrupción y decadencia moral que reinan entre nuestras autoridades, los tentáculos de la mafia están paulatinamente apoderándose de todo el país, sembrando terror, muerte e inseguridad.

Sí las instituciones del Estado no reaccionan a tiempo tomando medidas drásticas, tendremos en un futuro cercano hechos de violencia de grandes proporciones, con considerables pérdidas humanas, a causa de la inutilidad y la complicidad de nuestras autoridades.

Mientras esperamos que los encargados se sacudan y actúen, seguiremos contando nuestros muertos en un ambiente de zozobra, inseguridad y temor.

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