Mohamed bin Salman llegó al país en medio de la polémica

El príncipe saudí fue el primer representante en arribar al país. Está acusado –entre otras violaciones a los derechos humanos– de ordenar el asesinato del periodista Jamal Khashoggi.


El príncipe heredero de Arabia Saudita Mohamed bin Salman llegó este miércoles a Argentina para participar de la cumbre del G20, en medio del escándalo internacional desatado por las sospechas de que estuvo detrás del asesinato de un periodista disidente saudita.

El avión del príncipe -el primero de los líderes en arribar al país por el G20 del viernes y el sábado- llegó al aeropuerto de Ezeiza procedente de Túnez, y el gobernante, quien fue recibido por el canciller Jorge Faurie, luego partió hacia la embajada saudita en una caravana de autos.

Bin Salman, de 33 años y gobernante de facto de Arabia Saudita, está en el ojo del huracán desde el brutal asesinato del periodista Jamal Khashoggi el mes pasado dentro del consulado saudita en Estambul.

Esta semana, la organización Human Rights Watch (HRW) pidió a la Justicia argentina que evaluara presentar cargos de crímenes de guerra contra Bin Salman por la intervención militar de Arabia Saudita en el vecino Yemen, que ha dejado miles de civiles muertos desde marzo de 2015.

La organización también aludió en su solicitud al asesinato de Khashoggi. 

El periodista trabajó largo tiempo en medios del reino ultraconservador, donde no existe la prensa independiente, pero en los últimos años se radicó en Estados Unidos y escribió una serie de artículos en el diario The Washington Post muy críticos de Bin Salman.

Turquía dijo que el crimen de Khashoggi fue ordenado desde «las más altas esferas» de la monarquía saudita, aunque sin acusar directamente al príncipe, y se ha quejado de que Arabia Saudita no colabora en la investigación todo lo que debería.

Tras cambiar varias veces su versión de los hechos, Riad dijo que el periodista murió en una pelea que se desató poco después de su ingreso al consulado con miembros de un equipo enviado a detenerlo por un general que actuó sin autorización y que fue destituido.

La prensa estadounidense aseguró que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) concluyó que Bin Salman ordenó el asesinato, pero el presidente Donald Trump rebatió luego esas informaciones y aseguró que la inteligencia de su país no había llegado a ninguna conclusión definitiva.

Estados Unidos y Francia sancionaron a varios funcionarios sauditas por el crimen del 2 de octubre, pero no al príncipe heredero. 

Alemania, Noruega y Dinamarca dejaron de vender armas a Arabia Saudita por el asesinato.

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