UNA HISTORIA MACABRA; por Claudio Hugo Naranjo
Ascensor de la Mansión

Septiembre de 1930- La leyenda urbana dice que la familia había decidido partir en un viaje por Europa durante un período bastante extenso, como era lógico por aquellos tiempos. También, que el día de la partida citaron a la mucama, le encargaron que mantuviera limpias las habitaciones y que colocara sábanas sobre los sillones y otros muebles, para que no se deterioraran durante su prolongada ausencia.

Ya, por los primeros años de la década del 30’, comenzó a circular por la ciudad un tenebroso rumor según el cual había muerto trágicamente la mucama de aquella  tradicional familia de Monte Grande.

De las circunstancias del luctuoso episodio en principio poco se supo, sólo que había ocurrido en una mansión en cercanías de la estación, diseñada por un prestigioso arquitecto noruego en 1912 especialmente  para la familia del médico Mariano Rojas, hijo del ex gobernador bonaerense Jacinto Rojas.

Se desconoce si descendientes de la familia vivían allí todavía en la década del 30, cuando apareció muerta la mucama en esa fastuosa mansión; en 1946 cuenta la leyenda que el Presidente Juan Domingo Perón y su esposa Eva Duarte (Evita) pasaron varios fines de semanas hasta que adquirieron la quinta de San Vicente. El gobernador Domingo Mercante era amante de una de las dueñas de la mansión y aprovechaba para llevar al Presidente y la Primera Dama.

La historia da cuenta de los siguientes acontecimientos; (mayo de 1930) la familia se despide de la joven, sin saber que no volverían a verla, y se dispusieron a irse,  entre apuradas despedidas y embrollos de valijas y corridas, para no llegar tarde al puerto donde los aguardaba el barco que los llevaría de excitante travesía. Tiempo después, tal cual estaba previsto, la familia regresó -septiembre de 1930- y apenas se abrió la puerta, algo –que no estaba previsto- los desconcertó: un fuerte hedor provenía del interior de la vivienda.
Al encender las luces, los habitantes advirtieron que la casa estaba sucia, las plantas se habían secado y se había acumulado correspondencia en el buzón, pero su principal preocupación era, en esos momentos, el penetrante olor y la razón que lo originaba.

Buscaron afanosamente por la amplia casona hasta que, a medida de que el olor se hacía más insoportable, dieron finalmente con el ascensor que comunicaba la planta baja con los pisos superiores. No podía haber dudas: De allí debía provenir la cuestión. Abrieron la puerta del elevador y la sorpresa inicial dio paso rápidamente al terror: Dentro del pequeño habitáculo, cuyas paredes lucían completamente rasguñadas, se hallaba el cadáver de la infortunada empleada, que llevaba varias semanas, o tal vez meses, de muerta, seguramente tras sufrir una interminable y desesperada agonía.

¡Qué había pasado? Tal vez, la familia supuso que la mujer ya había abandonado la casa cuando ellos salían de viaje, y entonces cortó la corriente eléctrica cuando en realidad la joven aún se encontraba dentro del ascensor, con tanto infortunio que el corte la sorprendió cuando la máquina se hallaba entre piso y piso. Mientras tanto, nadie escuchó los desgarradores pedidos de auxilio.

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