“No puedo cerrar la puerta”; por Laura Cecilia Bedoya Ángel
Hipólito Yrigoyen (1852-1933) fue presidente de Argentina en los períodos 1916-1920 y 1928-1930

La autora sitúa en la elección de Hipólito Yrigoyen y el surgimiento de Carlos Gardel un vértice de la esperanza para los nacientes ciudadanos bonaerenses. Es lo mejor que he leído en mi vida sobre la relación entre política, pueblo y cultura; es una de esas columnas que no se deben dejar de leer.

Bandoneón, el título de esta columna es un verso del tango Mi noche triste de Pascual Contursi. Para hacer referencia a dicho tango, debo formular antes que nada una hipótesis que considero importante: la llegada de Hipólito Yrigoyen a la Presidencia de la Argentina fue uno de los factores que influyó en la acogida de Carlos Gardel, por parte del pueblo.

Veamos, “Ese 12 de octubre de 1916 no fue un día más. Extrañamente comenzaron a aparecer desde todos los rincones de la antigua Buenos Aires, personas desconocidas hasta ese momento. Después alcanzaron la categoría y el nombre de ciudadanos.

Trabajadores, peluqueros, zapateros, panaderos, empleados públicos, el hombre común que hasta ese momento no había intervenido en el destino nacional, ese 12 de octubre dejó su casa, dejó su familia y se fue acercando a la Plaza de Mayo y a la Plaza de los dos Congresos para ver completada su misión: poner al frente del gobierno de la República Argentina al primer Presidente ungido por el voto popular.

Juan Hipólito del Corazón de Jesús Yrigoyen, se llamaba el hombre”.

Tomo nota de un concepto del joven Jorge Luis Borges sobre Hipólito Yrigoyen: “Es el caudillo que con autoridad de caudillo ha decretado la muerte inapelable de todo caudillismo; es el presidente que sin desmemoriarse del pasado y honrándose con él se hace porvenir. Esa voluntad de heroísmo, esa vocación cívica de Yrigoyen, ha sido administrada (válganos aquí la palabra) por una conducta que es lícito calificar de genial”

Ahora quisiera hablar de otro suceso del año siguiente, 1917, el estreno de Mi noche triste,considerado el primer tango canción, que fue interpretado por Carlos Gardel.

Carlos Gardel, llamado El Morocho del Abasto, tuvo una infancia y adolescencia de gran pobreza. Es así que cuando el público escucha sus canciones, lo aclama, no sólo por su indecible voz, sino por ser mirado como la posibilidad de ascenso en la escala social y acceso a cargos públicos de las clases que nada tenían, como los hijos de los inmigrantes, una esperanza que ya estaba escrita con la llegada de Yrigoyen al poder.

Pensemos que Gardel ofrece algo nuevo a ese fenómeno de hibridación cultural, un tango cantado, la nueva ilusión de los pobladores que llegó después del baile del tango, donde se abrazaron para evadir la soledad y el desarraigo y para entenderse con el cuerpo, después con las palabras.

Fue el impulso de una sociedad que tenía un torrente de esperanzas, fraguado desde antes de su travesía en barcos, hasta llegar a los puertos de Montevideo y Buenos Aires. Ilusión que tal vez estuvo escondida en la niebla del desembarco, como una breve y pasajera barrera, que sosegada se iría con el paso del tiempo. Entonces el tango vestido con letras, encontró un auditorio crédulo para sus historias.

Este es el marco que he tomado para hablar del primer tango cantado, con una letra que contaba la historia de un hombre abandonado:

“Percanta que me amuraste

en lo mejor de mi vida,

dejándome el alma herida

y espina en el corazón(…)”

para mi ya no hay consuelo

y por eso me encurdelo 

pa’ olvidarme de tu amor(…)”

 

Cuando voy a mi cotorro

y lo veo desarreglado,

todo triste, abandonado,

me dan ganas de llorar(…)”

 

De noche, cuando me acuesto

no puedo cerrar la puerta,

porque dejándola abierta

me hago ilusión que volvés (…)”

Y la lámpara del cuarto
también tu ausencia ha sentido
porque su luz no ha querido
mi noche triste alumbrar.

Para lograrlo, Pascual Contursi tomó el instrumental Lita de Samuel Castriota y le acopló la letra. Lo llamó Mi noche triste, que tiene los elementos para catalogarlo como el primer tango canción, porque posee un corpus en el que se plantea un tema, se desarrolla y hay un desenlace, antes había letras con versos incipientes.

Este impulso de las canciones desató una lluvia de cantores y cancionistas, la poética se vio poblada de letras rufianescas y machistas, que luego evolucionaron con la estabilización de las familias y con la influencia de los movimientos literarios venidos del simbolismo, modernismo y demás.

El nuevo tango empezó a dar cuenta del lunfardo, una jerga que se formó con la mezcla de diferentes lenguas llegadas hasta Argentina y Uruguay. En la creación que hoy traemos, el primer verso rompe el silencio con las palabras percanta y amuraste.

Las canciones empezaron a contar historias y a enseñar su geografía, sus personajes, los momentos históricos y a imprimir ese carácter melancólico y único que tiene el tango.

Fue una noche triste porque lo dejaron en lo mejor de su vida, en el duro silencio de las sombras y de las palabras, todo en un caos, y porque es extraño que para la época, haya una puerta abierta en medio de la noche, esperando que sea cruzada, por una percanta.

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