¿Cómo contar una historia oculta?
"Operativo Antisecuestro"

Medellín

La agente Rochi Montes Barrientos hizo parte del grupo de policías designados al operativo antisecuestro en el que se buscaba rescatar al senador Federico Estrada Vélez, en abril de 1990.

Se trató de un secuestro que se atribuyó el grupo de los llamados extraditables, escenario, también, de un acto de valentía, pues fue ahí cuando Montes Barrientos, en cumplimiento de su deber policial, y para salvar la vida de cincuenta personas, tuvo que tomar una decisión que hoy es ejemplo.

Rochi, una mujer de firmeza y convicciones, habló con EL MUNDO de su “historia oculta”, contada en el libro Operativo antisecuestro. Misión: salvar vidas, honor policial.

Rochi, con el libro usted busca desvelar su “historia oculta”, ¿cómo podrá ella ayudar a reconstruir el rompecabezas del conflicto interno colombiano?

Plasmé mi historia con objetividad, ante todo, para que se sepa la verdad de los hechos y para poder visibilizar y dignificar la labor de las mujeres policías de nuestra patria, Colombia, y de los hombres policías, también.

¿Y por qué? Pues a lo largo y ancho de la historia, casi siempre, no se ha tenido en cuenta esa ardua labor de los policías. Por ejemplo, en muchas instituciones hay alguien que comete un error, y ese error se comenta en primera persona, no en colectivo, y pasan semanas y ya se olvidó. Mientras que, si un solo policía, como persona humana, a veces inclusive sin pensarlo, en muchas ocasiones por el mismo afán de cumplir con su misión, comete una falta, un error, ahí el señalamiento de las personas a la institución es muy fuerte.

Entonces, plasmar mi historia es una pequeña parte en la dignificación de la labor policial de toda mujer y hombre de la institución.

Como yo sé qué se siente ser policía, a mí me tocó desempeñar labores fuertes, agrestes, muy difíciles en terrenos hostiles; entonces, entiendo qué es servir en esta sociedad como policía.

¿Usted quiere decir que la sociedad no ha apoyado a la institución de la Policía?

Claro que sí hemos sido apoyados, y también han hablado bien de nosotros, pero se sufre realmente en el campo, en la labor, fuertemente.

Más sin embargo, siempre estamos ahí, colocando el pecho; se puede percibir claramente en aquellos hombres y mujeres policías que realmente llevamos con orgullo la bandera de ese verde de nuestro uniforme. Lo digo con mucho orgullo, si no fuera así, ya todos los miembros de nuestra institución se hubieran retirado y eso no ha pasado.

Colombia afronta un tiempo en el que la memoria salió al encuentro con la verdad, ¿cómo sanar el corazón de quienes la exaltan y luchan porque se sepa?

Para sanar el corazón de las víctimas solo se requiere tener mucha inteligencia emocional, y más que perdonar a nuestros victimarios, se requiere un trabajo para perdonarnos a nosotros mismos.

Sanar las heridas es un tema muy desde el interior de nosotros, las víctimas, ya que los victimarios cuando han cometido sus faltas, acciones terroristas o bélicas, en contra de la vida e integridad de las persona, pues pienso que les ha faltado mucha emocionalidad; también, les ha faltado tener un alma más humana, seguir un camino de paz, pensar en Colombia como un territorio de paz, y creo que han tenido más en cuenta sus propios intereses que los intereses colectivos de toda la sociedad. Claro está, eso también tiene que ver con la formación y valores que se reciben desde casa, yo diría que en un 90%.

Las heridas sanan con humildad, con terapia ocupacional, Fe, resiliencia y oportunidades de crecimiento personal.

¿Cómo venció el miedo a contar su “historia oculta”?

Vencí mis miedos cuando reconocí que vale más contar la historia de boca de la protagonista, para que haya una verdadera justicia, reparación y no repetición.

A las víctimas del avión de Avianca, la Unidad de Victimas las reconoció, igualmente a la familia de mi coronel Franklin, atacados por los mismos terroristas, los extraditables, ¿porque a mí no?

Ni la guerra o la paz podrán borrar los pasos de nadie, ¿usted cuáles caminos ha transitado en su reparación como víctima?

He transitado los caminos de petición de reparación a la Unidad de Víctimas, como víctima en el conflicto interno armado, y aún no han podido entender que el acto terrorista ocurrió en un operativo antisecuestro de un senador de Colombia, y que, por consiguiente, fue una violación a los derechos humanos internacionales, un crimen de lesa humanidad, por utilizar artefactos explosivos en mi contra. Como sucedió en los hechos.

Rochi, usted eligió ser policía en un país martirizado por la violencia, ¿cuál es su mayor aprendizaje a este momento?

Que ser policía debe sentirse y llevarse en el alma. Y eso no implica renunciar a nuestros derechos como personas y ciudadanos de un país.

Usted intentó salvar de un artefacto explosivo a pobladores y compañeros en La Estrella (Antioquia) y perdió su mano derecha; al verla hoy, es evidente que es una mujer que no se deja  derrotar por nada, pero cuéntenos, ¿tiene temores?

Tengo temor a la ignorancia por no comprender una discapacidad. Generalmente, me he desempeñado bien en mis roles.

Me he adaptado a las circunstancias, con dificultades en algunos momentos, como al utilizar el transporte público, si va lleno el bus o el Metro, por ejemplo, siento miedo a caerme en una fuerte frenada.

 

Colombia no conoce aún la realidad de las mujeres policías del país y como también han aportado un capítulo de sacrificio en el padecimiento de la guerra. ¿Usted cree necesario que la sociedad lo comprenda?

Más que comprensión es agradecimiento sincero, respetuoso y responsable por parte del pueblo colombiano frente a la  misionalidad, la ternura y  sensibilidad con la cual se desempeñan las mujeres policías, como edificadoras de paz.

Para concluir, como policía victima fundamentada en el principio del Derecho Internacional Humanitario, creo que un miembro de la institución trasgredido dentro del conflicto interno debe ser reconocido y protegido como víctima, si no, pues estaría siendo discriminado desde esa norma, la del D.I.H.

Autor: Giselle Tatiana Rojas Pérez

 

Deja un comentario

Cerrar menú