Destellos Patagónicos: Calfucurá, el Napoleón de la Pampa; Por SERGIO PELLIZA
El Napoleón de La Pampa

Este es un espacio cedido generosamente por La Opinión Austral hace más de doce años, que permite abrir una ventana para atreverse a ver esta bendita tierra desde un ángulo diferente, el de la fantasía alimentada por el paisaje que cuenta cosas. Es lo que pasa con estos cuentos, donde la Patagonia Austral puede decir algo de su entrañable misterio, su sabor mágico, su temperamental carácter. De amores, sueños, alegrías, lágrimas, sangre, misterios, mágicos aconteceres que a veces se escapan de este mundo. De eso se trata en estos breves relatos.

Calfucurá, el Napoleón de la Pampa

La batalla había sido violenta y continuada, todos los sentidos lo confirmaban. El fragor sabor mismo del combate estaba en el aire. Hasta donde alcanzaba la vista, entre las matas y algunos dispersos árboles se extendían restos de hombres y caballos. En 1855, el ejército araucano comandado por Juan Calfucurá, aliado de la Confederación Argentina, infligió dos duras derrotas al ejército porteño, la primera a Bartolomé Mitre, en la batalla de Sierra Chica, y luego en San Jacinto al general Manuel Hornos, que comandaba una fuerza de tres mil soldados bien armados: 18 oficiales y 250 soldados resultaron muertos.

La vida de este araucano llegado de Chile puede comenzar a contarse en Argentina a partir de 1829, cuando Juan Manuel de Rosas asumió el gobierno de la provincia de Buenos Aires y “negoció” con los indios pacíficos y enfrentó a los rebeldes insumisos, entonces liderados por el cacique pampa Toriano, este era secundado por Calfucurá y su hijo Namuncurá, el padre de Ceferino, “el santito de las pampas”. Luego Toriano fue finalmente vencido por tropas de Rosas junto con los borogas. Los borogas eran una agrupación de parcialidades mapuches, que emigraron desde la araucaria chilena hasta nuestras pampas. Tras el fusilamiento de Toriano en Tandil, los borogas comenzaron a perseguir a los vencidos y cometieron varias masacres, hasta que tres años después Calfucurá los emboscó, mató a unos mil guerreros.

Muerto Toriano y caída la Federación, Calfucurá se independizó y conformó una poderosa confederación indígena que, al cabo de los años, se transformó en un verdadero imperio por nuestras pampas. Si un imperio o acaso la idea de imperio era sólo una idea concebida por los europeos. Las fronteras con el huinca (hombre blanco) eran desde la margen sur del río Salado, en la provincia de Buenos Aires, hasta la cordillera de Los Andes, abarcando casi toda la provincia de Buenos Aires, la provincia de La Pampa, Río Negro, Neuquén y el sur de San Luis y Mendoza.

El cuartel central del nuevo caudillo pampa y de “nuestros paisanos los indios” (en palabras del libertador San Martín) fueron las tolderías de Salinas Grandes, donde, en forma inteligente, formó espías y perfeccionó su lenguaje castellano para poder negociar de palabra y por escrito no solo con Rosas.

¿Cómo puede ser que este hombre sea una bestia sin inteligencia, bruto, si tenía contactos con todos los políticos de esa época que gobernaron entre 1830-1870?; con todos tenía un contacto epistolar, con todos les hablaba de igual a igual, con todos negociaba. Durante cuarenta años marcó la vida del interior de nuestro país.

Calfucurá reinó sobre la pampa por espacio de cuarenta años, hasta que el 11 de marzo de 1872, después de declararle la guerra el gobierno argentino y arrasar una vez más 25 de Mayo, Alvear y 9 de Julio, fue derrotado por las fuerzas conjuntas del general Ignacio Rivas y el cacique Catriel, en la batalla de San Carlos, como próxima a la actual ciudad de San Carlos de Bolívar. Murió en 1873.

“Dicen que la historia se repite, lo cierto es que sus lecciones no se aprovechan”.

Gentileza: La Opinión-Santa Cruz

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