Luis Novaresio, Mauro Viale y Ernesto Tenembaum, juegan contra las chances de Cambiemos; por Claudio Hugo Naranjo
Es lo que tenemos

Todo comienza cuando la amoralidad provoca que se confunda lo verosímil con lo verdadero; vemos al periodista Eduardo Feimann desde su estudio de radio La Red interpelando a ciudadanos comunes haciéndoles creer que eran entrevistados por otros periodistas muy conocidos, pero que en realidad era el imitador de su programa. En el estudio, todos reían, el único que corría riesgo de una golpiza era el movilero.

Comienzo por Feimann porque es un defensor del actual gobierno y un antikirchnerista confeso, es decir, él me otorga la posibilidad de criticar a otros que trabajan claramente para que no gane Mauricio Macri; son periodistas y medios de las corporaciones que tienen una gran influencia en los medios de comunicación generalistas, como el Grupo América o Perfil.

Reitero, un creciente relativismo que roza la amoralidad y provoca que se confunda lo verosímil con lo verdadero, sin verificación alguna. Se diluyen así las fronteras entre verdad y mentira, reduciéndose a cero el valor moral de la primera y el rechazo a la segunda. El periodismo se debe enfrentar ahora al reto de restaurar el valor y el mérito de la verdad. Es la tarea más relevante, urgente y salvadora del nuevo periodismo, cuyo futuro reside en restablecer su íntima relación con la verdad. Lo demás vendrá por añadiduría.

Si las voces más oídas en radio y TV son Luis Novaresio, Mauro Viale o Ernesto Tenembaum, que describen una realidad que solo ven ellos a partir del medio vaso vacío, nos debiera hacer pensar a la sociedad en todo su conjunto que no  estamos económica, política  y socialmente mal de casualidad; es una enfermedad que viene como mínimo desde el inició de la democracia (1983) y que actúa como un virus intrahospitalario, que no sabemos cómo se instalo en el cuerpo social.

En plena época de debate sobre la postverdad y las noticias falsas, yo prefiero no usar esos conceptos, sobre todo porque se han convertido en acusación mutua que se lanzan sectores opuestos de la opinión publicada y la política. Prefiero hablar de periodismo real versus desinformación. Aunque es cierto que la desinformación es postverdad y que las noticias falsas tuvieron un papel muy importante en toda la historia de la humanidad.

Estos sectores bien identificados conviven entre ellos desde hace tres décadas, unos viven haciendo política y los otros entrevistándolos, para mal de 40 millones de argentinos, los cuales lucran con nuestras ingenuidades; operan sin pasamontañas hoy para unos y el año que viene para otros. El dinero es la motivación pero también la incomprobable prueba de algún delito. Son nefastos comentaristas de un país que ellos no ven por varias razones. Muy pronto la sociedad mundial deberá debatir que periodistas desean que los representen.

 

 

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