Hace hoy 58 años se suicidaba Ernest Hemingway
Ernest Hemingway

Reconocidos académicos aseguran que la relación del escritor con el FBI podría dar pistas de la desesperación que vivió antes de acabar con su vida.

El suicidio del escritor estadounidense tiene cada vez menos adeptos. Una de las teorías que más le suenan a los escépticos es que la relación que tuvo Ernest Hemingway con el FBI se convirtió en una persecución que lo llevó a acabar con su vida.

En 1961 Ernest Hemingway aparecía muerto en su casa de Ketchum (Idaho), de un disparo en la cabeza. Su inestabilidad emocional fue señalada como la causa de la muerte suicida. Sin embargo, han sido varias las veces que en el mundo literario se escuchan voces de duda sobre este hecho.

Algunos escritores reconocidos, como el cubano Leonardo Padura, aseguran que Ernest Hemingway se vio conducido a un suicidio debido a la presión que despertó su relación de colaborador con el FBI. Una relación que llegó, según Padura, a la persecución.

Hemingway colaboró con el FBI para «informar sobre las actividades de los miembros de la Falange española y simpatizantes nazis en la isla, montar una operación de búsqueda de los submarinos alemanes y descubrir dónde y quién le suministraba el combustible para navegar en el Caribe», asegura Padura.

Sin embargo, la relación del escritor con el buró de investigaciones de Estados Unidos se tornó cada vez más turbia. En su opinión, la existencia de 15 páginas censuradas y otras 40 manchadas con tinta negra en el expediente del FBI dedicado a Hemingway, además de que haya sido objeto de su «interés investigativo» incluso después de su muerte, «cuando menos advierten de lo problemática de esa relación».

Ada Rosa Alfonso, la directora del Museo Hemingway de La Habana, ya se había sumado a las voces de sospecha sobre la relación del Nobel con el FBI. A través de una entrevista al diario cubano ‘Juventud Rebelde’, Alfonso comentó que el escritor no abandonó Cuba en el año sesenta por la frustración del gobierno de Fidel Castro. Según su versión, fueron autoridades de los Estados Unidos quienes obligaron al escritor a abandonar ese país.

En 1960 Ernest Hemingway se fue de Cuba dejando muchas de sus pertenencias. La mayoría de sus biógrafos aseguran que fue una consecuencia de la incomodidad con Castro.

Padura recuerda que el autor de Adiós a las armas y El viejo y el mar, decidió colaborar con la agencia federal en 1942, cuando ya estaba radicado en Cuba, y a través de la embajada estadounidense en La Habana.

Padura apunta que «bajo el amparo del FBI, Hemingway, con su manía de protagonismo, montó y dirigió una red de informantes ‘aficionados'».

Pero indica que aquella colaboración solo duró siete meses, hasta el 1 de abril de 1943, cuando el embajador estadounidense en La Habana «la canceló, alegando que la información entregada por el escritor resultó, en casi todos los casos, carente de todo valor».

El escritor cubano cree que una hipótesis que explicaría las reacciones del FBI es que la operación de caza de submarinos alemanes hubiera colocado a Hemingway «en una peligrosa revelación», aunque todavía «no existen documentos capaces de probarlo».

Un suicidio sin descifrar

Para Padura, la turbia relación de Hemingway con el FBI se torna más evidente. En ese sentido, cita que documentos abiertos en 1984 desvelaron que «realmente, el escritor estaba siendo seguido y vigilado por agentes» del FBI.

Algunos señalaron como causantes del suicidio a la creciente depresión que le provocó darse cuenta de que los mejores días de su carrera como escritor habían llegado a su fin. Otros dijeron que sufría de un desorden de personalidad.

Escribiendo en el ‘New York Times’ en el 58 aniversario de la muerte de Hemingway, A.E. Hotchner, autor de Papa Hemingway y Hemingway y Su Mundo, dijo que él creía que la vigilancia del FBI “sustancialmente contribuyó a su angustia y su suicidio”, añadiendo que él “lamentablemente juzgó mal” el temor de su amigo por la organización.

Según Hotchner, pese a que Ernest Hemingway hizo reiteradas denuncias sobre la presunta persecución de la que fue objeto por parte del FBI, los incidentes que vivió el escritor en una clínica, en la que fue sometido a electrochoques y a varios intentos de suicidio, hicieron que las denuncias se vieran como ilusorias.

En la década de los ochenta, sin embargo, el expediente de Hemingway del FBI fue publicado luego de una petición de la ley de Libertad de información hecha por Jeffrey Myers, un académico en ese entonces de la Universidad de Colorado. El expediente demostró un profundo interés en Hemingway, incluyendo sus intentos durante la guerra para establecer una red de espionaje contra el fascismo llamado Crook Factory, y el interés persistió hasta que ingresó a la clínica en 1960.

Efectivamente, en enero de 1961, el agente especial con la tarea de seguirlo diligentemente informó a John Edgar Hoover, fundador de la Oficina Federal de Investigación (FBI), que Hemingway “estaba física y mentalmente enfermo”.

Ese expediente, de más de 120 páginas y de las cuales 15 páginas están tachadas por razones de seguridad nacional, también demuestran cuan cerca era el interés de Hoover y su organización en Hemingway.

Aunque no se puede asegurar que Hemingway haya sido presionado hasta suicidarse, su muerte no deja de ser misteriosa. Una de las dudas más razonables la plantea Padura al calificar de «inquietante» que la viuda del novelista, Mary Welsh, la única que estaba con él en el momento de su muerte, «haya negado por años que su marido se suicidara».

Añade que Welsh, unos meses después del suicidio de su esposo, incineró «una notable cantidad de papeles» que se encontraban en su casa de La Habana.

Incierto es lo que quemó. Solo ella lo supo. Quizá algunas de las claves de la persistente vigilancia que el FBI dedicó a Hemingway, quizás la prueba de que todo era una ilusión maníaca. Nadie lo sabrá.

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