Florencia Alcaraz: “La conversación pública sobre el aborto cambió, tarde o temprano será ley”; por Luciana Mateo
Florencia Alcaraz

La escritora de «¡Que sea Ley!» realiza un recorrido por la lucha de las pioneras, el nacimiento de la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito y analiza los debates mediáticos, callejeros y legislativos que florecieron por este tema.

El 14 de junio de 2018, por primera vez en Argentina, la Cámara de Diputados de la Nación dio media sanción a un proyecto para legalizar el aborto durante las primeras 14 semanas de gestación.

Casi dos meses después la iniciativa fue rechazada por el Senado, pero el debate –aquello que llevaba años de represión mediática, de silencio y ocultamiento- ya estaba instalado en el interior de hogares, escuelas, espacios de trabajo y medios de comunicación: la discusión ya había ganado (en) las calles.

“En 2018 el aborto salió del closet definitivamente”, asegura María Florencia Alcaraz, autora de “¡Que sea Ley! La lucha de los feminismos por el aborto legal” (Marea Editorial, 2018).

“Me parece que la conversación pública sobre el tema cambió; tarde o temprano será ley”, dice Alcaraz, militante feminista, comunicadora social e integrante del colectivo “Ni Una Menos”.

En el libro, Alcaraz -fundadora además del portal de noticias LatFem- propone un recorrido que va desde la lucha de las militantes ‘pioneras’, el reclamo por la educación sexual integral en las escuelas y los debates mediáticos y parlamentarios, pasando por el nacimiento en 2005 de la Campaña Nacional, la despenalización social y las estrategias ‘anti derechos’ para frenar el avance de la propuesta.

– Hace pocas semanas ingresó por octava vez en el Congreso el proyecto de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE), ¿qué posibilidades ves de que se trate este año?

– No podemos hacer mucha futurología, el año pasado era impensado que el debate se diera de esa manera, pero se dio. Si el feminismo hace algo que es bien interesante es ampliar los límites de la imaginación posible. La presentación del proyecto por octava vez me parece que está demandando una respuesta política, sobre todo del Senado, que el 8 y 9 de agosto del año pasado obstaculizó la posibilidad de que fuera ley. Creo que la discusión hay que pensarla desde la sanción que dieron en junio de 2018 diputados y diputadas; a partir de ahí hay que pararse y posicionarse. Igualmente me parece importante destacar que hay un acuerdo entre muchos y muchas –aun entre quienes votaron en contra del proyecto- de rechazar que el aborto siga estando como figura dentro del Código Penal, es decir, que se criminalice a las mujeres.

– La discusión sobre la IVE constituyó una de las pocas ocasiones en las que una iniciativa legislativa generó tanta convocatoria con marchas y otro tipo de movilizaciones populares…

– Sí, lo que logró el feminismo con este tema es abrir las puertas del Congreso, un espacio que es hostil para las feministas y para las organizaciones sociales. Yo lo comparo con la discusión por la Ley de Medios y por el Matrimonio Igualitario, que fueron momentos épicos en los que la ciudadanía salió a las calles para ver qué decidían nuestros representantes. En Rosario, por ejemplo, las adolescentes -las pibas- se juntaban en las plazas para ver el debate en pantalla gigante, eso me parece inédito. Creo que de verdad fortaleció a la democracia en tanto que muchas y muchos quedaron expuestos en su misoginia y en su escasa formación como legisladores y legisladoras y que, al mismo tiempo, fue un ejercicio pedagógico importante porque muchos y muchas aprendieron qué era un dictamen, qué era una reunión de comisión y cuáles son los pasos para que un proyecto se convierta en ley.

“Lo naturalizado ya no se tolera más”

En el libro, Alcaraz retoma una de las teorías más populares de la filósofa francesa Simone de Beauvoir –“no se nace mujer, se llega a serlo”- y asegura: “nadie nace feminista. Se llega a serlo. En un momento otra extiende la mano y ayuda a correrse la venda propia”.

En ese sentido, destaca el camino iniciado por las militantes históricas, aquellas que se fueron organizando de a poco en momentos en los que la discusión sobre la IVE era mucho más que un tema tabú.

– La legalización todavía no llegó pero el aborto está socialmente mucho más aceptado. ¿Cómo fue ese recorrido hasta llegar a los pañuelos verdes como contraseña?

– Tiene que ver con la persistencia de las feministas históricas y pioneras combinado con la lucha irreverente de las adolescentes que crecieron bajo el amparo de una Ley de Educación Sexual Integral (ESI), en un país en el que las personas del mismo sexo o género se pueden casar y que tiene una Ley de Identidad de Género pionera. Es una generación que creció con otros marcos jurídicos, estatales y de lucha y por eso tiene tanta fuerza y cree inadmisible que en el año 2019 las mujeres sigan muriendo por abortos clandestinos o que la maternidad siga siendo un mandato obligatorio.

Que sea ley

– En tu libro hablás de que, frente a la liberación de las potencias feministas, aparece un neo-machismo y un neo-patriarcado, ¿en qué prácticas lo visibilizás?

– Creo que hay una reacción antiderechos en la región que tiene que ver con los distintos gobiernos latinoamericanos –recordemos que en este momento no hay ninguna presidenta mujer en la región- y con la asunción de Donald Trump en Estados Unidos, que hizo que se desplegaran fuerzas neoliberales y neomachistas en distintos poderes. Eso se ve reflejado en la crueldad de algunas historias sobre femicidios y en grupos que intentan volver a una restauración heterosexual y que no solo son antifeministas, sino también antimujeres, antilesbianas, antitravestis, antitrans… Frente a la liberación de potencias femeninas, sobre todo de las adolescentes, encontramos masculinidades violentas que todavía no entienden que estamos frente a un cambio de paradigma social y cultural enorme en el que aquello que estaba naturalizado ya no se tolera más.

Cincuenta abortos por hora

María Florencia Alcaraz cuenta en “¡Que sea Ley!” que, según datos oficiales y públicos del Ministerio de Salud de la Nación –convertido en Secretaría en septiembre de 2018 por decisión del presidente Mauricio Macri- “desde el regreso a la democracia hasta 2016, al menos 3.040 mujeres murieron por abortos practicados en condiciones de riesgo en Argentina”.

De acuerdo a la misma fuente –agrega la periodista- “se realizan aproximadamente cincuenta abortos por hora, es decir 1.300 por día. Por año se calcula que la cifra oscila entre 370.000 y 520.000”.

El aborto en el Código Penal

El artículo 88 del Código Penal argentino propone entre uno y cuatro años de prisión para “la mujer que causare su propio aborto o consintiere en que otro se lo causare”.

El artículo 86 prevé la misma pena –además de “inhabilitación especial por doble tiempo que el de la condena”- para los médicos, cirujanos, parteras o farmacéuticos “que abusaren de su ciencia o arte para causar el aborto o cooperaren a causarlo”.

Desde 1921, el aborto es legal en nuestro país si el embarazo presenta un riesgo para la vida de la persona gestante o para su salud, entendida ésta como bienestar físico, mental, emocional y social.

Con el fallo F.A.L., de 2012, la Corte Suprema de Justicia ratificó -y amplió- que no son punibles los abortos en casos de violación, sin importar el estado de salud mental de la mujer. Este derecho se ha visto obstaculizado en numerosas oportunidades en las distintas provincias del país.

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