«Entre la grieta, el complot y la extrañeza»; por Tomás Mangonnet

El balance de la performance de la Selección Argentina, en la Copa América 2019, hay que hacerlo puertas adentro, porque indudablemente hay mucho para corregir, a nivel institucional y deportivo. Saliendo de la delgada grieta del complot y la ética del llanto, la Argentina ha sido perjudicada poniendo nuevamente en el centro de la escena a la Conmebol (Confederación Sudamericana de Fútbol) y a la utilización del VAR (Video Assistant Referee), como había ocurrido el año pasado, en la Copa Libertadores 2018.

Va a ser muy difícil explicar a las nuevas generaciones lo que ha ocurrido en estos últimos años, en el fútbol sudamericano; cómo algo que vino a transparentar, a ayudar al buen juego y a terminar con las injusticias en este deporte, continúa perjudicando aún más a los equipos. Asimismo, no hay justificación para lograr entender por qué no se utilizó de manera adecuada esta herramienta, en los partidos Brasil-Argentina y Chile-Argentina debido a que – como dijo Lionel Messi – en los demás encuentros abusaron de su uso en innumerables jugadas, que no ameritaban recurrir a este instrumento para verificarlas. Estos hechos, más las declaraciones del capitán de la Selección Argentina, Lionel Messi, inevitablemente ubicaron a la Conmebol entre la inoperancia, la incapacidad, las intrigas y los desmanejos institucionales. Los únicos que piensan distinto, sobre los dos penales no otorgados, ante la Selección verdeamarela, en la semifinal y la expulsión de Messi, ante Chile, en el encuentro del tercer y cuarto puesto, son el cuerpo técnico y los futbolistas brasileños, los encargados del VAR y la Conmebol. Por otro lado, el silencio de la gran mayoría de los jugadores del ahora nonacampeón de América deja en el aire el aroma de que algo extraño pasó. De esta manera, el trato que se le dio a las otras once selecciones fue muy distinto al que se le otorgó a la anfitriona.

El director técnico brasileño, Tite, pedía respeto, el jugador del Paris Saint Germain, Marquinhos, atacando a Messi, con el Barcelona, y las supuestas ayudas arbitrales a los catalanes; y el capitán carioca, Thiago Silva, elogiando las cinco Copas del Mundo de Brasil -en las que también hubo polémicas- alimentan aún más la sensación de que el torneo fue raro y no fue normal. Porque no sólo Argentina se sintió perjudicada, pues también es de público conocimiento el enojo de los uruguayos y los chilenos por los errores arbitrales y la utilización del VAR. Ni que hablar de lo indignados que estaban los peruanos, en la previa de la final, cuando se encontraron con juveniles del Fluminense, escuadra que milita en el Brasileirao que es el torneo local brasileño, en el predio que les había otorgado la organización.

Una vez finalizada la Copa América y todas sus polémicas, es momento de cuidar a Messi porque, aunque no se sepa, el hizo mucho por la Selección y en los peores momentos. A pesar del caos institucional, que vivió la AFA, hace unos años, tras la muerte de su expresidente, Julio Humberto Grondona, Messi continuó dando la cara, representando su país y hasta algunos empleados, que rodean a la Selección Argentina, comentaron que en algunas oportunidades aportó dinero de su bolsillo para solucionar disímiles problemas.

Quizás por ello muchos años le pidieron que hable y habló, que criticara y criticó. La realidad es que era más que notorio que callaba porque no quería mentir, porque a la Selección nacional la venían perjudicando hace bastante. Basta recordar y evocar situaciones que ocurrieron en las finales del mundial de Brasil 2014, la Copa América de Chile 2015 y la Copa América Centenario 2016.  Del mismo modo, la verdad expresada antes los micrófonos por el 10 del Barcelona, una vez culminado el cotejo ante la Roja, es innegable e incontrastable. Después se verá quiénes son los culpables, y por el bien del deporte no hay que dejarlo solo. Quizás debimos cuidarlo un poco más, como expresó Marcelo Gallardo, actual entrenador de River Plate, pero ya es tarde para hacerlo, ahora es momento de defenderlo y que quienes tienen esa responsabilidad se decidan a hacerlo y evitar que esto pase a mayores. Lamentablemente, se está barajando la posibilidad, desde la Conmebol, de darle dos años de suspensión al capitán argentino y para el fútbol nacional sería un problema grande.

Es evidente que si existiera la justicia, la expulsión de Messi debe ser retirada para poder comenzar las eliminatorias para el Mundial de Qatar 2022. Esta es la misma justicia que nos comunicó que iba a traer el VAR, pero nos olvidamos que la siguen manejando humanos y los errores continúan existiendo. Ahora, sorprendentemente, muchos se enteran de que el VAR está mal utilizado, pero el año pasado en el partido, entre River e Independiente, por los cuartos de final de la Copa Libertadores, cuando Javier Pinola le hizo un penal a Martín Benítez y decidieron no recurrir a él,  en ese momento, muchos miraron para el costado e hicieron silencio.

Se habló más de lo que pasó afuera del campo de juego que adentro, que si cantó el himno argentino como le pedían; para muchos la “maradoneó” con algunas declaraciones polémicas y verídicas, pero la gran mayoría de los fanáticos prefiere al otro, al de los goles y las gambetas, al del partido contra Brasil y al que demuestra siempre que su talento demostrado ante sus fanáticos sigue intacto.

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