El desprestigio de las encuestadoras y quién las paga…¿quién miente el medio o la encuesta?; por Mercedes Possio
¿Quién miente el medio o la encuesta?

El ver y oír en programas televisivos, los personajes desconocidos que dicen manejar una encuestadora es triste, pobre y lamentable, porque hacen que pensemos automáticamente que somos unos verdaderos estúpidos; especialmente deseo mencionar a los que trabajan para el gobierno o la oposición y más especialmente en A24, en programas como el de Mauro Viale o Eduardo Feimann o TN Central por el sector ultra oficialista, o C5N o Crónica TV por los que quieren volver.

El desprestigio de las encuestadores políticas es aterrador, no hay casi nadie que defiendan sus instrumentos de medición y sus metodologías, salvo las mismas encuestadoras. Primero que todo hay que constatar que las empresas que realizan encuestas y que publican resultados son bastante opacas a la hora de transparentar sus metodologías de recogidas de datos, metodologías de construcción de muestras, procesamientos conjunto de data y más opacas aún respecto a las bases de datos que se genera en estos procesos.

Adivinar el futuro en base a lo que la gente dice que va a hacer no es fácil, pero es lo que tratan de hacer, con más y menos éxito, las encuestas electorales. Además del éxito de acertar el futuro, las diferentes encuestadoras también varían su grado de transparencia y sus métodos.

Las encuestas tratan de saber qué va a hacer el total de los electores, a partir de preguntarles a una parte de ellos. Para hacerlo, buscan una muestra representativa: que en un grupo pequeño, muchas veces de alrededor de mil personas, se vea reflejada toda la sociedad en términos de edad, ingresos, género y otras características. La muestra para ser representativa tiene que ser aleatoria, o sea, que cualquier persona tenga las mismas chances de participar.

Para que una muestra sea representativa a nivel nacional debería tener más de 1.000 casos, aunque el hecho de que se encueste a muchas personas no la hace necesariamente representativa si no están bien seleccionadas.

El hecho de que muchas encuestas se hagan por teléfono, a líneas fijas, puede ser un problema para lograr esa representatividad, dado que no todos los argentinos tienen línea telefónica en su hogar. Las encuestas telefónicas son mucho más baratas que las presenciales, por eso se siguen haciendo, pero tienen problemas de representatividad.

Otra técnica que se utiliza son las encuestas on line, pero todo método tiene sus fortalezas y sus debilidades, en el caso de las encuestas en línea, lo que suele hacerse es reclutar a diferentes personas que entrar en una base de datos y se les envían encuestas que responden a cambio de una retribución.

Una de las decisiones que tienen que tomar las encuestadoras es cómo estimar que harán los indecisos. Lo más común es excluirlos de los resultados, lo cual implica que se van a comportar igual a quienes dijeron que ya decidieron su voto.

Se usan otros métodos también, por ejemplo hacer preguntas sobre el nivel de rechazo que generan los distintos candidatos, y en base a eso proyectar la posibilidad de que la persona vote a uno u otro.

Muchas veces no se aclara cómo se contabilizan los indecisos. Sin embargo, cómo se contabiliza a los indecisos es clave en los resultados que arroja una encuesta, con las mismas respuestas se pueden obtener resultados diferentes según cómo se interpreten.

No es el único punto sobre el cual las encuestadoras no son siempre transparentes.

Hay distintos tipos de encuesta, algunas que pueden ser pedidas por medios de comunicación, hechas por universidades o encargadas por candidatos o partidos políticos, entre otros. Quién financió la encuesta, sin embargo, no siempre está claro. Muchas de las consultoras publican sus resultados pero no siempre es explícito para el lector quién es el cliente de la encuesta.

Y agrego que quién financia una encuesta puede influir en los resultados que se publican. No necesariamente porque se manipulen los resultados, sino porque se decide qué encuestas son las que se publican y llegan al gran público y cuáles no. Es decir, que encuestas que arrojen un resultado negativo para el candidato que la contrató pueden nunca ser publicadas, mientras que las que son positivas sí se difunden.

Legalmente todas las encuestadoras que difundan sondeos durante la campaña deben estar inscriptas en el registro de la Cámara Nacional Electoral, donde además tienen que entregar fichas técnicas de cada trabajo que hacen, que incluye la parte metodológica y el costo, entre otros aspectos.

Muchas de las encuestadoras están inscriptas en la Cámara, pero en pocos casos están las fichas técnicas de los trabajos que hicieron. Las elecciones de 2017 mostró que sólo 30% de las encuestas que se publicaron en los medios durante la campaña de las PASO (entre el 25 de junio y el 11 de agosto de 2017) habían presentado la ficha técnica ante la Cámara. Desde entonces se modificó la ley para implementar sanciones más fuertes a las encuestadoras que no cumplan. Mientras que antes sólo se las excluía del registro de la Cámara, lo cual no tenía ninguna consecuencia en la práctica, desde este año la ley también prevé multas. Estas serán las primeras elecciones en las que se podrían aplicar las sanciones.

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