A 47 años de la masacre de Trelew
La masacre de Trelew

El relato de este sobreviviente fue el comienzo del fin: “Cuando llegamos al aeropuerto de Trelew, luego de la fuga del penal de Rawson, y comprobamos que el avión ya había partido, nos quedaba una alternativa: dispersamos en la dilatada meseta patagónica. Sin embargo desechamos de inmediato tal posibilidad porque las características geográficas de la zona eran adversas, y podíamos ser detectados fácilmente por las fuerzas represivas y muy probablemente eliminados sin damos la oportunidad de rendirnos. En consecuencia optamos por rendirnos en el aeropuerto».

Ricardo René Haidar sobrevivió a la masacre. Los fusilamientos de Trelew marcaron no solamente un punto de quiebre donde el Estado acentúa su política terrorista y pasa a eliminación física masiva de los opositores políticos; sino también el masivo compromiso político popular, que tuvo en los llamados «héroes de Trelew» un ejemplo a seguir. Los nombres de los militantes fusilados se transforman en bandera y consigna.

Este espíritu estuvo presente en las crecientes movilizaciones de trabajadores, obreros, estudiantes e intelectuales, que políticamente son canalizadas por la juventud peronista y distintas expresiones de la izquierda revolucionaria y del sindicalismo clasista, expresado junto a otros en Agustín Tosco, quien había compartido con los jóvenes fusilados en Trelew la persecución y la cárcel.

Este ascenso de masas determina el agotamiento de la dictadura de Lanusse y el posterior llamado a elecciones el 11 de marzo de 1973 con el triunfo de Cámpora y el posterior regreso al país de Juan Domingo Perón.

Cuando el 25 de mayo de 1973, Lanusse y la Fuerzas Armadas abandonan el gobierno, carteles y banderas con los rostros de los muertos de Trelew acompañan a la multitud que marcha a las cárceles para arrancar de allí a sus presos políticos.

Mientras, en las celdas de la cárcel de Devoto, los tres sobrevivientes de la masacre de Trelew, María Antonia Berger, Ricardo Haidar y Alberto Camps, relatan al poeta Paco Urondo la verdad de «La patria fusilada».

 

Sin embargo, el aparato represivo no es desmantelado.

Bandas armadas paraestatales continúan el ataque al movimiento sindical, político y cultural. El proceso culmina con la firma del decreto que ordena a las Fuerzas Armadas la aniquilación de la guerrilla, abriendo paso a la dictadura militar iniciada el 24 de marzo de 1976.

La respuesta terrorista del Estado ante la movilización popular, alcanza aquí su punto de máxima represión. Con la implantación de más de 500 centros clandestinos de detención tortura y exterminio, 30.000 desaparecidos, alrededor de 12.000 presos políticos, y miles de exiliados.

Las trampas del poder militar

Ningún miembro de la Marina aceptó dar una entrevista relacionada a los hechos ocurridos el 22 de agosto de 1972 en la Base Almirante Zar.

Aunque la censura fue absoluta y los periodistas perseguidos, todo el pueblo sospechó desde un principio quiénes eran los culpables de la masacre de Trelew.

La dictadura militar encabezada por el General Lanusse respondió con el fusilamiento de 16 presos políticos a la fuga de la cárcel de Rawson y al apoyo popular a los movimientos revolucionarios.

Hasta hoy no ha habido ningún juicio ni condena por los hechos que aquí se narran.

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