PERIODISMO EN MODO ELECTORAL; por Claudio Hugo Naranjo
Periodismo para Todos

Las elecciones PASO (Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias) del 11 de agosto dejaron a la vista de todos como se mueve el periodismo y los medios de comunicación en Argentina; la primera imagen deja en claro que una minoría se parece mucho más a Roberto Navarro, la cara visible del kirchnerismo, que a Bernardo Neustadt, cuestionado y controvertido periodista que marcó una época en la forma de comunicar en la Argentina.

Neustadt y Mariano Grondona, dejaron dos escuela periodísticas muy alejadas de Jacobo Timerman y Rodolfo Walsh; del primero nació una camada con dos figuras que trascendieron al resto: Daniel Hadad y Marcelo Longobardi, y Luis Novaresio-Pablo Rossi por el lado de Grondona.

Del otro sector, comprendido por Walsh-Timerman, llegó con su impronta Jorge Lanata, que con Página 12 se proyectó entre los reconocidos periodistas de las últimas tres décadas. Con él compartían redacción hombres de fuste que representaban con sus historias personales mucho más a las izquierdas latinoamericanas que el mismo Lanata….

Lanata deja su marca y lanza una cantidad extraordinaria de nuevas generaciones de periodistas, los cuales hoy, tienen su propia impronta, pero nunca podrán cortar el cordón umbilical con el creador de Página 12. Aquí aparecen figuras como Ernesto Tenembaum, Marcelo Zlotogwiazda, Reynaldo Sietecase y Gabriela Cerruti, que si bien ha dejado el periodismo para incursionar en la política, no dejó de pertenecer a su hábitat de preservar su ideología.

Veamos, existe un tercer sector, que si bien está más cerca del pensamiento de Hadad y Longobardi, ya han marcado una nueva huella, ellos son Alfredo Leuco y Nelson Castro, con sus satélites que recién comienzan a mostrarse en sociedad.

No hay duda que las mejores escuelas fueron las que dejaron Neustadt y Lanata, en todos ellos existe una forma de concebir el periodismo casi lo más cercano a lo que el periodismo debió siempre ser; estos periodistas, en principio, manejan muy bien sus columnas diarias radiales, televisivas o escritas, tienen ese aprendizaje de largos años, que es aquello que se llama ‘bajada de línea’ y cuentan con planteles –que serán las nuevas generaciones- que dicen lo que ellos hábilmente callan. Ya todos saben que nada es improvisado, todo, hasta el más mínimo detalle está bien guionado.

Sabemos, los que hacemos el trabajo que nos gusta, periodismo, quiénes somos y hacia dónde vamos, pero se rescata de este sector la moderación en la misma crítica, no existe el golpe bajo ni la desmesura, están preparados profesionalmente para pegar sin dejar marcas.

El navarrismo, con todo respeto, no puede ser evaluado, en tanto y en cuanto dejaron de ser periodistas para convertirse en militantes de una causa; no los critico, simplemente no son evaluables.

En otro sector están aquellos que dejaron de ser creíbles, no por haber cambiado de avión en el aire, justamente por hacer todo lo contrario a aquellos que vinieron de las escuelas de Neustadt y Lanata, demorarme en Novaresio o Rossi, sería perder el tiempo.

Y por último, están los que venden a cara descubierta un producto –que no tienen nada que ver con los periodistas militantes-, los que por razones poco cristalinas intentan dinamitar el país con sus estilos, aquí están los más peligrosos para el sistema democrático, pues muestran con sus ataques hacia un lado u otro de la grieta, que el país no es el problema de ellos. Aquí dejaré dos nombres, Mauro Viale y Eduardo Feimann.

Si bien ya todos nos conocemos, en este último mes, todos mostramos nuestras virtudes y miserias. Un país se deja evaluar por su educación y por los hombres y mujeres que tienen la posibilidad diaria de educar a su pueblo desde un medio de comunicación. Yo… no me evalúo. 

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