“EL ÉXITO NO ES DEFINITIVO, EL FRACASO NO ES FATÍDICO, LO QUE CUENTA ES EL VALOR PARA CONTINUAR”; por Claudio Hugo Naranjo
Se siente la tensión

El escritor del libro de superación personal más vendido y traducido a más idiomas de todos los tiempos, Napoleón Hill, nos dice lo siguiente: “Cada adversidad, cada fracaso y cada angustia llevan consigo la semilla de un beneficio equivalente o mayor”. Winston Churchill estableció, “El éxito no es definitivo, el fracaso no es fatídico, lo que cuenta es el valor para continuar”.

Winston Churchill ha sido uno de los más grandes estadistas de todos los tiempos, por lo que es mucho lo que podemos aprender de su sabiduría, con su humor característico dijo en una situación: “A menudo me he tenido que comer mis palabras y he descubierto que eran una dieta equilibrada”. Otras de sus sabias frases es donde nos dice; “Que la principal diferencia entre la gente que alcanza metas y la gente promedio es su percepción y respuesta al fracaso”.

Existe un rumor muy fuerte en la calle después del resultado de las elecciones presidenciales del último domingo, que es una mezcla de angustia y felicidad, triunfos y fracasos, vencedores y vencidos, ni ganadores ni perdedores; allí está el 88% de los argentinos divididos en porcentuales que nos dicen que el que ganó cosechó el 48% de los votos y el que perdió el 40%.

La Argentina alguna vez llamada “el país más europeo de América Latina”, fue escenario de un impresionante crecimiento hasta mediados del siglo pasado, pero padeció en las últimas décadas una sucesión de crisis políticas que revelan desajustes y tensiones difícilmente explicables a la luz de criterios convencionales.

Sin embargo, en el seno mismo de estos procesos, a veces sobresaltado y casi siempre fascinante por la originalidad de sus secuencias, anidan claves que pueden facilitar la comprensión de la Argentina contemporánea y su destino inmediato. 

Los argentinos debemos intentar de inmediato, no enamorarnos de la última foto. Es un drama muy argentino, por el cual no le caigo a ningún sector de la sociedad, creemos que es un hecho histórico cuando en realidad es un acontecimiento de lo más natural en otros países del mundo. Que el Presidente actual haya invitado al Presidente electo a la Casa Rosada, solo es sorprendente acá. Mauricio Macri manejo de manual los pasos de la transición. Claro, es un ejemplo cuando nos retrotraemos al 10 de diciembre del 2015 cuando Cristina Fernández de Kirchner rompió con todos los protocolos de los traspasos de mando presidenciales.

Ya en 1958, el Presidente de facto de la Revolución Libertadora, Pedro Eugenio Aramburu, citó a la mañana siguiente del triunfo en las urnas al radical intransigente, Presidente electo, Arturo Frondizi, a un acto que se realizó en la Casa de Gobierno. O sea existe un antecedente.

Otra drama argentino, es no aceptar –una parte de la sociedad- que el Peronismo, junto al Radicalismo nacieron para quedarse  a vivir para siempre en el seno de la política argentina. No es un sentimiento ni una pasión, es una cultura. Y no confundir Peronismo con Kirchnerismo, es allí justamente donde la sociedad no hace un profundo análisis de qué significa cada uno por sí solo.

Uno representa una parte de la cultura política en la Argentina y el otro no termina siendo ni un desprendimiento del primero, porque carece y deplora la mística del Peronismo fundacional. Es un usurpador, corrupto y criminal, que le seguirá haciendo mucho daño a la Nación en tanto y en cuanto no termine de morir.

Cuando digo cultura, solo retrocedo en el tiempo 36 horas, y fue allí en el acto de la Chacarita en donde Alberto Fernández y Cristina Kirchner intentaban festejar un triunfo, que a la vista de todos, no coordinaban los pasos. Las imágenes son impactantes, una Cristina arengando a que vitoreen a Néstor Kirchner y la masa le replicaba con la marcha peronista.

Es decir, chicos de 20 años que cuando falleció el expresidente tenían 10 años, y no lo recuerdan, pero si se saben todas las estrofas de la famosa marcha peronista; no es un problema de estudio sociológico, no vale la pena analizar el fenómeno. Solo se debe aceptar. Es parte de nuestra cultura política.

Lo que sí debiéramos analizar es el palco. Los palcos hablan. Recordemos a Cámpora y la izquierda revolucionaria el 25 de mayo del ’73. Luder y Herminio, 1983; los palcos de la CGT o el de Alfonsín en Semana Santa. El del domingo por la noche es una joya que se debe guardar para contarle a las próximas generaciones lo que realmente se estaba urdiendo allí.

Imagino defendiendo la democracia a miles de argentinos en la Plaza de Mayo y un palco-balcón hoy inimaginable, el ya presidente Alberto Fernández en ejercicio de sus funciones y el entonces expresidente Mauricio Macri. Los próximos seis meses, a partir del 10 de diciembre, la Argentina tendrán la tensión de su destino inmediato.

Cristina Fernández y Alex Kicillof, tienen otros planes para Alberto Fernández y la Argentina. Solo resta esperar.

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