“Cafierito, es un buen muchacho, lástima que tenga por costumbre quedarse con los vueltos”; por Claudio Hugo Naranjo
Santiago Cafiero y Alberto Fernández

Nadie tiene la culpa que tu abuelo o tu padre hayan tenido a lo largo de sus vidas conductas cuestionables; se dice en el barrio desde siempre: “Abuelo y padre boludos, hijo boludo”. No es el caso de la familia Cafiero, ninguno es ningún boludo, vienen mojando el bizcocho desde 1952, se turnan, van entrando y saliendo de todas las administraciones sin hacer mucho ruido; esta vez le tocó el turno al nieto de Antonio Cafiero, el joven jefe de Gabinete de Ministros de Alberto Fernández, es a toda vista un inexperto funcionario nacional que no se lo ve más veces en la banquina porque aparece poco y nada, aún lo están esperando en el Congreso Nacional donde ya debiera haber llevado a cavo cinco informes a diputados y senadores, que por varias razones nunca se hicieron.

Hoy Santiago Cafiero –del Cafiero que estamos hablando- dijo en una entrevista radial: “Con Macri gobernando esta pandemia hubiera sido una catástrofe”. Un irresponsable. Ya salió a contestarle media oposición y especialmente un documento de ‘Cambiemos’, firmado por su titular, Patricia Bullrich; pero me gustaría narrarle a Santiaguito quién fue su abuelo, le advierto que no es para sentirse muy orgulloso:

Cafiero, como peronista de los orígenes, dejó tela para cortar. Renunció a su cargo de ministro en 1955, poco antes del golpe, para no chocar con la Iglesia católica, que era una de las impulsoras, junto a la embajada norteamericana, del golpe gorila. De ahí, quizás, la dureza de Perón. Su papel durante la llamada resistencia, como el de todas las figuras del peronismo oficial, fue casi nulo. El papel central de la Resistencia peronista fue jugado por la clase obrera y no por los dirigentes.

En el año 1972, Cafiero fue el hombre que impulsarán la derecha peronista y la burocracia sindical como candidato presidencial en oposición a Héctor Cámpora, a quien veían muy cercano a la juventud. El congreso que se resolvió a los tiros. Entonces se hablo de un famoso parlamento donde Juan Manuel Abal Medina, hombre de la juventud, es amenazado por un dirigente sindical diciéndole que tenían el congreso copado y estaban todos enfierrados, a lo que Abal Medina respondió: “Nosotros también y somos más”. Lo cierto es que Perón no lo quería a Cafiero porque se entrevistó en secreto con el dictador Agustín Lanusse y bancó a Cámpora por cálculo político. Por eso cuando Perón asumió lo designó en el gris cargo de presidente de la Caja Nacional de Ahorro y Seguro.

Los homenajes hablan del carácter democrático de Cafiero, pero la realidad lo mostró participando de la intervención de Mendoza, donde un golpe de la derecha peronista derrocó al gobernador afín a la Tendencia Alberto Martinez Vaca. Su paso como interventor en la provincia de Mendoza no dejó buenos recuerdos. A su abuelo se lo acusó durante años de haber robado el piano del hotel Plaza, en donde se alojó junto a su familia cuando tomó las riendas del Ejecutivo provincial. Y más tarde como ministro de Isabel, donde acompañó con su firma el decreto de aniquilación de la guerrilla redactado por el presidente interino Ítalo Argentino Luder.

Después del 83, Cafiero fue el referente indiscutido de un peronismo que dejó de lado el discurso de los descamisados y se ponía el saco y la corbata para intentar una suerte de modernización que lo alejara de los fantasmas de las Tres A y lo pusiera a tono con la ola democrática que el alfonsinismo en el poder todavía surfeaba. Gracias a la Renovación el peronismo logró oxigenarse y crecer a la par que el Gobierno radical se iba derrumbando. Chacho Álvarez y los intelectuales de la revista Unidos se ilusionaban con que llevando en andas a Cafiero podían transformar al peronismo en una fuerza de centroizquierda. Derrotados por Carlos Menem y Eduardo Duhalde en 1988, abandonaron el peronismo para dar origen al Grupo de los Ocho, el Frente Grande y el Frepaso. Cafiero, como buen peronista, nunca sacó los pies del plato.

El 18 de octubre del 2006 justificó los enfrentamientos entre camioneros y la UOCRA La Plata en la quinta de San Vicente donde serian sepultados los restos de Perón y Evita: “No me aflijo tanto por estas cosas porque es inevitable cuando se juntan quinientas mil personas”.

Consultado sobre los incidentes con armas de fuego, su abuelo se limitó a contestar: “¿Y? ¿Mató a alguno?”.

La culpa de que Santiago Cafiero sea el jefe de Gabinete de este gobierno kirchnerista no es de él, en el 2019 existieron elecciones y el 48% de los argentinos votaron el cambio de gobierno, ahora bien, nadie voto a Santiago Cafiero para este cargo, la culpa ya es de quién lo puso allí. Para la oposición, creo, va a ser un festín cuando le den más micrófono al jefe de Gabinete, se nota que es inexperto, imprudente y soberbio.

Cafierito… hable poco y lo necesario.

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