“LAS PRUEBAS: LA ‘TRIPLE A’ ASESINÓ AL PADRE MUGICA, NO ‘MONTONEROS’; por Claudio Hugo Naranjo
Padre Carlos Mugica

Texto extraído del libro de mi autoría; «1970. 50 años de historia» que acaba de salir, editorial De Los Cuatro Vientos. (Pag. 61/62/105/106/107/108).- En el año 1974 pertenecía a la Custodia Presidencial de Isabel Martínez de Perón.

Una de las modestas víctimas de esa última etapa del gobierno presidido por Perón, fue el villero peronista Alberto Chejolán. Fue asesinado cuando marchaba hacia la Casa de Gobierno contra la política de erradicaciones forzadas por Bienestar Social.

El asesinato de Chejolán, como todos los demás, no generó ni sumario ni proceso a los responsables, pero provocó un amplio movimiento de protesta impulsado por el sacerdote Carlos Mugica, quien encabezó sus funerales. Mugica había trabajado durante muchos años con los villeros de Buenos Aires, y en mayo de 1973 colaboró con Bienestar Social en la planificación de soluciones a sus demandas más urgentes. Sin embargo, enfrentado con López Rega, se retiró del ministerio y permanecía en su parroquia dedicado a labores pastorales.

Como “castigo” a su reaparición en público junto a los villeros, Carlos Mugica fue asesinado el 11 de mayo de 1974 al salir de la iglesia de San Francisco de Solano, en la que periódicamente oficiaba misa (contaré quién fue uno de los supuestos asesinos cuando lleguemos a 1975). Contra Mugica disparó a mansalva un hombre joven de barba pelirroja, que según trascendió pertenecía a la CNU.

El 11 de mayo de 1974, el sacerdote Carlos Mugica se convertía en un símbolo del compromiso eclesiástico con los sectores populares al caer asesinado por la organización parapolicial Triple A, que comandaba el entonces ministro de Bienestar Social, José López Rega.

Debido a su ‘opción por los pobres’ concretada en una activa militancia social y por su independencia política recibió críticas de todos los sectores; amenazas de muerte y diversos ataques e intentos de matarlo. Si bien tuvo duras críticas hacía la organización Montoneros por los atentados en democracia y el asesinato de José Ignacio Rucci, la organización se despegó del crimen. 

Ese 11 de mayo después de las 8 de la noche, fue emboscado cuando se disponía a subir a su auto Renault 4 azul,  estacionado en la puerta de la iglesia de San Francisco Solano de la calle Zelada 4771 en el barrio porteño de Villa Luro donde acababa de celebrar misa. Mugica estaba acompañado de su amigo Ricardo Rubens Capelli. Fueron atacados con armas de fuego por varios hombres, entre los que la investigación judicial identificaría a Eduardo Almirón como autor inmediato. Mugica recibió 14 balazos de frente, mientras que Capelli recibió 4.

Ambos fueron trasladados al hospital Juan F. Salaberry del vecino barrio de Mataderos, donde fueron operados por el doctor Marcelo Larcade. El propio Larcade ha relatado que Mugica insistió en que primero fuera atendido su amigo: “Yo no quiero que me operes a mí antes que a él”. En el quirófano había al menos unas 300 personas, de uniforme y de civil: “había una banda de mafiosos dentro del quirófano que lo único que buscaba era la certificación de la muerte de Carlos”, relata Larcade.​

Al fallecer Mugica “hubo como una especie de desbande y luego salieron. El objetivo estaba cumplido. Era la certificación”, dice el doctor Larcade. La operación de Mugica duró aproximadamente dos horas, pero por la gravedad y cantidad de las heridas sus posibilidades de sobrevivir eran muy pocas. Capelli fue trasladado al Rawson donde recibió la visita de Jorge Conti –del cual hablaré más adelante-, yerno de José López Rega, acto que Capelli tomó como una amenaza de muerte. A partir de ese momento Capelli fue perseguido, amenazado e incluso mantenido como detenido desaparecido en 1978. Fue Capelli precisamente el que años después identificaría a Almirón como uno de los asesinos, porque él lo conocía del Ministerio de Bienestar Social, donde Almirón  se desempeñaba.

El doctor Larcade ha contado que el parte quirúrgico y la historia clínica que confeccionó inmediatamente después de la operación, desaparecieron y que nunca fue citado a declarar, algo completamente inusual cuando se trataba de muertes violentas.

En los días posteriores se plantearon dos hipótesis acerca de quiénes habían ejecutado el crimen. Oficialmente, la agencia Télam atribuyó el asesinato a los grupos que habían lanzado una “campaña de terror contra todas la instituciones de la República, cuyos efectos ya se hicieron sentir en relación al sindicalismo y las Fuerzas Armadas”. Martín De Biase señala que en ese momento la tendencia mayoritaria fue señalar a la organización Montoneros, atribuyendo el móvil a las diferencias políticas entre ellos.

Montoneros difundió de inmediato un comunicado, publicado en los periódicos del 13 de mayo de 1974 negando la autoría del hecho e imputaba el mismo a “las bandas armadas de derecha”. Desde las páginas de medios de prensa enrolados en la posición de José López Rega, ministro de Bienestar Social, se insistió en esa versión y poco después el propio ministro bautizaba un barrio recién construido en Ciudadela con el nombre Presbítero Carlos Mugica. Con el tiempo, la opinión mayoritaria se inclinó por imputar el crimen a la organización de derecha Alianza Anticomunista Argentina (La Triple A), organizada a instancias de Perón. Algunos sindican a Rodolfo Eduardo Almirón, miembro de la custodia del entonces presidente e integrante de la Triple A, como el autor material del crimen. 

Mugica fue baleado con una ametralladora Ingram MAC – 10. Los proyectiles le afectaron abdomen y tórax; trasladado al hospital, falleció en la operación. Ese modelo de arma era el utilizado en atentados por la Triple A. 

Deja una respuesta