Jair Bolsonaro antes de hablar de los argentinos y del ‘Che’ Guevara lávese la boca; por Claudio Hugo Naranjo
El capitán Bolsonaro y el Comandante 'Che' Guevara

En las últimas horas el presidente del Brasil, Jair Bolsonaro, se refirió al guerrillero argentino-cubano, al cumplirse 53 años de su asesinato en una humilde escuelita de La Higuera, Bolivia. No tuvo mejor idea el actual dictador, de nombrar al rosarino con las siguientes palabras: «que su legado sólo inspira a marginales», «drogadictos y a la escoria de izquierda». «9 de octubre. Murió en Bolivia el comunista Che Guevara, cuyo legado solo inspira a criminales, drogadictos y a la escoria de izquierda. Con su fin, el comunismo fue perdiendo fuerza en América Latina, pero volvería a través del Foro de San Pablo, que seguimos luchando», escribió Bolsonaro.

Hoy también atacó al pueblo argentino, argumentando que tenemos lo que nos merecemos. Los argentinos somos lo bastante maduros para elegir a nuestros representantes, si nos equivocamos siempre lo sabremos corregir. No debiera, por su investidura, inmiscuirse en los problemas de otros países, usted ya tiene demasiados. Pero le recordaré al pueblo argentino quién es usted:

«A través del voto, no vamos a cambiar nada en este país. ¡Nada! ¡Absolutamente nada! Esto sólo va a cambiar, lamentablemente, cuando vayamos a una guerra civil. Y haciendo el trabajo que el régimen militar no hizo: ¡matando a treinta mil!».

En 1999, cuando pronunció esas palabras, que ahora parecen proféticas, Jair Messias Bolsonaro estaba comenzando su tercer mandato en el parlamento brasileño, electo con poco más de 100.000 votos –el décimo más votado del estado de Río de Janeiro– por el partido de Paulo Maluf, uno de los políticos más corruptos del país. Aunque ya hablaba de ser presidente, es improbable que lo creyera. Nadie lo creería. Sin embargo, las ideas que veinte años después impregnan su gobierno ya estaban ahí, a la vista.

En poco más de media hora de entrevista para la televisión, aquel joven diputado, un capitán retirado del ejército que integraba el bajo clero de la Cámara, defendió a Augusto Pinochet, dijo que estaba a favor de la tortura, que la democracia brasileña era «una porquería», que en la época de la dictadura militar había más dignidad, que recomendaba a la población evadir impuestos («yo evado todo lo posible»), que los derechos humanos eran «derechos de marginales» y que los ciudadanos honestos deberían estar armados. Dijo también que, si fuese electo presidente, daría un golpe de Estado el mismo día, cerraría el Congreso («no sirve para nada») e iniciaría una dictadura. Cerca del final, cuando propuso expresamente matar a treinta mil personas, agregó: «¿Van a morir algunos inocentes? Todo bien, en toda guerra mueren inocentes».

Esas palabras son relevantes por la forma y el contenido. «¿Está muriendo gente? Sí. Lo lamento», dijo Bolsonaro en marzo pasado –la misma estructura de la frase anterior– cuando la pandemia comenzaba a asustar al Brasil que desgobierna. «No soy sepulturero, ¿ok?», dijo al mes siguiente, cuando hubo más de trescientos muertos en un solo día. «¿Y qué? Lo lamento. Soy Mesías, pero no hago milagros», dijo cuando ya habían muerto cinco mil. Días después, como desafío público a la cuarentena dispuesta por los gobernadores, prometió organizar un asado y llenar de gente la residencia oficial. Cuando murieron diez mil, se fue a andar en jet ski. «Lamento todos los muertos, pero es el destino de todo el mundo», dijo finalmente cuando su meta de dos décadas atrás se cumplía: Brasil ya tenía, bajo su presidencia, más de treinta mil cadáveres. Aquella otra frase rebotaba en el presente como un eco: «¿Van a morir algunos inocentes? Todo bien».

Ni una sola vez, desde que empezó la pandemia, el presidente de Brasil ha dado una mínima señal de que el luto de decenas de miles de familias le toque el corazón, si es que tiene uno. Al contrario, parece disfrutarlo, o al menos le resulta indiferente. Cuando era diputado, Bolsonaro tenía en la puerta de su oficina un cartel con el dibujo de un perro con un hueso en la boca y la frase: «Desaparecidos del Araguaia: quien busca huesos es…», en referencia a los familiares de un grupo de guerrilleros desaparecidos en la región amazónica del río Araguaia en los años setenta. A principios de mayo, el presidente recibió con honores al torturador y asesino de la dictadura conocido como «Mayor Curió», uno de los responsables de esa masacre. Dijo que era «un héroe».

El año pasado, cuando aún no había pandemia ni virus, una columna en el Folha de São Paulo decía: «Hay una pulsión de muerte que nortea las obsesiones del presidente: liberación de armas y agrotóxicos, incentivo a la depredación ambiental, incitación a la práctica de ejecuciones policiales, discurso de odio contra LGBTs en un país que mata a cientos de nosotros por año, derogación de las leyes de tránsito que salvan vidas en las rutas, etc. Pero era previsible». El periodista narraba, «Fui diez años corresponsal en Brasil y me sorprende que alguien haya pensado que sería diferente». Lo que Bolsonaro está haciendo durante la pandemia no es diferente de lo que hizo toda la vida. En 2017, en una visita a Porto Alegre, él mismo lo dijo con todas las letras: «Mi especialidad es matar».

De hecho, vale la pena recordar el contexto en el que lo dijo: el entonces diputado recordaba la campaña que había liderado para aprobar el uso de la fosfoetanolamina como cura milagrosa para el cáncer, una droga sobre la que no existe comprobación científica de que sirva para nada. «Si cura o no cura, no lo sé. Soy capitán del ejército, mi especialidad es matar, no curar», fueron sus palabras. En 26 años como diputado, Bolsonaro consiguió aprobar apenas dos leyes: una que beneficiaba a ciertos productos de la industria informática con la exención de un impuesto y esa otra que avalaba la llamada «píldora del cáncer», luego suspendida por el Supremo Tribunal Federal. Fosfoetanolamina o cloroquina, la historia se repite.

Su vida, su pasado tan miserable es aberrante. En la Argentina, Capitán, los trapos sucios los lavamos en casa. Estamos divididos por el Comandante ‘Che’ Guevara e infinidad de temas, pero no le vamos a permitir que se inmiscuya en los dramáticos momentos que está viviendo mi país.

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